EL PIZARRIN

Disertaciones sobre educación

Por Eduardo Lara Peniche

La educación de un pueblo requiere de políticas que reconozcan a la ciencia como eje rector del conocimiento humano, el cual tiene como finalidad fomentar la comprensión de todas y cada una de las variables que intervienen en el devenir histórico de la sociedad, considerando todas las expresiones de la vida humana en su verdadera dimensión social, articulando todos los conocimientos para desarrollar en los individuos la capacidad creadora que les permita emprender acciones que mejoren sus condiciones de vida, tanto personales como sociales.
En México, desde su independencia, la mayoría de las políticas educativas implementadas por los diferentes gobiernos, durante 200 años y particularmente en los últimos veinte años, no han logrado satisfacer las necesidades educativas de su población puesto que en lugar de promover el mejoramiento social, estas se han diseñado para cumplir con los requisitos de una clase dominante, de esa clase social que tiene como objetivo único explotar al ser humano en pos de apoderarse de las riquezas al costo social que sea, de manipular la conciencia social para seguir amasando fortunas al precio social que sea, sin escrúpulo alguno, bajo la directriz de la ambición desmedida, depredadora y soez, eliminando todo cuanto se oponga a satisfacer la ambición enferma de los grandes capitales.
Una utilidad evidente del conocimiento, utilizando la creatividad del ser humano, se manifiesta con el desarrollo de la tecnología, la cual, en la presente era, cada día nos sorprende más con las invenciones científicas, que hoy nos permiten comunicarnos en tiempo real a casi cualquier parte del mundo.
El uso de la tecnología de la comunicación ha permitido a los seres humanos acceder al conocimiento y la información de manera sencilla, sin embargo, los intereses ocultos de los sistemas políticos internacionales, particularmente el neoliberalismo, utilizan los medios de comunicación como herramienta de manipulación social, de enajenación y la simulación de intereses sociales, mediante programas en los que se difunden verdades a medias, información distorsionada y hasta mentiras descaradas, que tienen como objetivo mantener al pueblo en la ignorancia funcional (el pueblo cree que adquiere conocimientos totales y verdaderos difundidos en los diferentes medios de comunicación), situación que permite a los grandes capitales crear una cultura consumista y explotadora en las grandes masas sociales.
La declaración de Alonso Lujambio Irazabal, secretario de Educación Pública, en la que se refiere a la televisión mexicana como un poderoso instrumento de la educación, demuestra claramente lo citado en el párrafo anterior, situación que merece una reacción social que exija la renuncia inmediata de este funcionario público, quien con este tipo de comentarios infringe una gran ofensa a la inteligencia del pueblo, de ese mismo pueblo que desprecia esa misma programación televisiva que el gobierno de la república condecora por su valioso servicio a la sociedad, desprecio que se demuestra con el crecimiento de las compañías de televisión de paga, puesto que la televisión abierta no satisface las necesidades del pueblo.
Y si usted, amable lector, analiza a conciencia la aberración educativa expresada por Alonso Lujambio, entenderá la realidad de los pésimos resultados educativos mexicanos, producto de una política social sometida a los intereses de unos cuanto por sobre los de la mayoría, puesto que según este irresponsable funcionario, nuestros hijos pueden elevar su nivel académico viendo telenovelas y series de alto contenido educativo, como las que presentan Televisa y TV Azteca, conocimientos que se refuerzan con los programas de análisis social como los dirigidos por Paty Chapoy, por Laura de América, por Niurka Marcos (ex pareja del condecorado Juan Osorio), por Eugenio Derbez y toda esa camarilla de “educadores”, que no hacen más que promover antivalores en nuestra sociedad y como ejemplo palpable a diario, podemos citar el uso indiscriminado de la famosa palabra wey (hasta con falta ortográfica) tan de moda entre nuestros jóvenes, gracias a la aportación cultural de Adal Ramones.
Ante este tipo de situaciones, a los mexicanos nos debe quedar muy en claro que para quienes ostentan el poder público, el fin último de la educación no es otro que el de garantizar a los intereses neoliberales, globalizadores, un ejército de obreros calificados que se conforman con salarios de hambre, sin exigir prestaciones y garantías sociales, las cuales merman las ofensivas ganancias del gran capital explotador.
ES CUANTO
Críticas, comentarios y mentadas, se reciben en larapeniche@hotmail.com

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