Complicidad y corrupción protegen ambulantaje en la ZH

Por Luis Mis

 CANCUN.— El ambulantaje en la zona hotelera ha rebasado los límites de la tolerancia y más que incapacidad o ineptitud por parte del titular de la Dirección de Comercio en Vía Pública, lo que demuestra es complicidad y corrupción por conducto de sus inspectores asignados a esas áreas, ya que deliberadamente permiten ejercer el comercio informal a cambio de una cuota semanal.

De hecho el director de esta Oficina, Alí César Euán Blanco, ha admitido que pese a la coordinación con la Dirección de Zona Federal Marítimo Terrestre (Zofemat), para realizar operativos de desalojo y la aplicación de sanciones para los reincidentes, la presencia de ambulantes en la zona hotelera no ha sido erradicada.

Sin embargo la realidad es otra, porque en la Playa El Mirador o Delfines, por ejemplo; en esta temporada de vacaciones de verano, la presencia de vendedores ambulantes es desmedida, no sólo deambulan por las inmediaciones de la recién nombrada Playa Pública Certificada, sino que lo hacen en presencia de los propios inspectores de la Zofemat, quienes por cierto le impiden al turista nacional que baje a la playa con sus propios alimentos o bebidas para consumir, como obligándolos a adquirir lo que venden los comerciantes informales.

En este sentido, basta con hacer un recorrido para observar la presencia de los inspectores municipales, tanto de Comercio en Vía Pública como de Zofemat, en las playas y andadores de la Zona Hotelera; saludándose con descaro con algunos de estos los vendedores ambulantes que hasta camionetas estacionan frente a las playas, en donde comercian con frutas de la temporada.

Pero la situación o el control que se pretende sobre los comerciantes no es tan grave, como el hecho de cobrarles una cuota semanal que varía entre los 300 a 500 pesos por ambulante, tal vez por eso no existe un registro de vendedores reincidentes que de acuerdo con la Ley deben ser desalojados de la Zona, ni mucho menos hacerlos sujetos de sanciones administrativas, ya sea por venta de comida, artesanías y otros productos propios para el turismo.

Según el director de Comercio en Vía Pública, los  únicos que dejaron de ir, ante la amenaza de que los retirarían con la grúa, fueron los vendedores de comida que se movilizan en autos y que se estacionaban en playa Delfines, pero no así los que venden frutas y refrescos.

Según Euán Blanco son alrededor de cien ambulantes los que operan en las playas públicas y generalmente, se mueven de una playa que tiene vigilancia a otra playa que no la tiene a fin de evitar que les decomisen su mercancía, pero el número se ha incrementado tal vez por esta temporada vacacional.

Y es que al menos el funcionario reconoció que no tienen presencia suficiente en Playa Delfines, Playa del Niño, Tortugas y Langosta.

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