EL PIZARRÍN

Por Eduardo Lara Peniche

 ¿Democracia?

El discurso insistente de quienes ocupan los principales cargos en los tres niveles de gobierno en México, es que actualmente vivimos en un país democrático, que los ciudadanos tenemos la facultad de participar activamente en la toma de decisiones que permitan mejorar las condiciones de vida social, sin embargo, la realidad es muy distante al discurso e incluso a las diferentes acepciones del concepto, puesto que el Diccionario de la Real Academia Española define la democracia como la “Doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno. Predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado.”

Por su parte, en el marco legal que rige la vida social de los mexicanos, nuestra Constitución Política, en el artículo 3º, fracción II, inciso a) se consigna:  “… considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo.”

Tomando como referente los conceptos, lingüístico y legal, y ante las acciones represivas realizadas por el gobierno, a los ciudadanos nos debe quedar muy en claro que la lucha social que inició el magisterio, hoy se ha extendido a la población debido a que las reformas legales que desde el Ejecutivo Federal se han promovido, en ningún momento cumplen con los conceptos democráticos mencionados, pues tan sólo reflejan un sistema político totalmente sometido a los intereses del gran capital extranjero, por sobre las necesidades de desarrollo económico, social y cultural del pueblo.

Así mismo, si incluimos los conceptos filosóficos de Platón y Aristóteles, quienes consideraron que el fin de la sociedad y el estado es procurar el bienestar del ser humano, es el estado el que debe garantizar la realización moral e intelectual en la vida de los integrantes de la sociedad, por lo que si el estado privilegia sus propios intereses por sobre los intereses del pueblo, estará cometiendo una injusticia, puesto que la política debe ser una actividad orientada a resolver los conflictos de interés que se producen en la sociedad. Situación que tampoco se cumple en la llamada democracia mexicana, evidenciado esto, por el estado de crispación del pueblo contra las reforma legales y las acciones de gobierno en contra del pueblo.

Diputados, Senadores y Ejecutivos de los tres niveles de gobierno, en una muestra clara de su falta de formación política e incluso académica, insisten en aplicar reformas legales que en nada benefician al pueblo, y si muy al contrario, están aplicando medidas coercitivas contra el pueblo, para lograr imponer leyes que desde el extranjero les son dictadas.

Hoy, en pleno siglo XXI, en el que se presume, vivimos en la sociedad del conocimiento y la información, quienes dirigen el gobierno mexicano insisten en hacer creer al pueblo que las reformas estructurales que están realizando son el camino adecuado para cumplir con el artículo 25 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, donde se estipula que el Estado debe garantizar el desarrollo integral y sustentable para fortalecer la Soberanía Nacional, así como el régimen democrático, fomentando el crecimiento económico, el empleo y una justa distribución del ingreso y la riqueza, permitiendo el pleno ejercicio de la libertad y la dignidad de los individuos, grupos y clases sociales. Sin embargo, desde hace ya 40 años, esa función del estado mexicano ha sido completamente violada, puesto que a partir de la imposición del modelo económico neoliberal, el bienestar del pueblo ha ido en detrimento, el número de pobres ha aumentado, la ignorancia se ha apoderado de la nación, y la brecha económica cada día es más amplia, así como la Soberanía Nacional es vulnerada desde el Congreso de la Unión, reformando leyes por órdenes de organismos internacionales.

Los conflictos sociales se recrudecen y el descontento del pueblo aumenta a partir de la cerrazón de las autoridades a escuchar la voz del pueblo, a los oídos sordos de los legisladores y también a la participación maquiavélica de muchos medios de información que por mantener privilegios venden su conciencia y con ello su función social, promoviendo el encono social, el rencor y la destrucción de un tejido social endeble, que ya no aguanta más las injusticias, por parte de quienes tienen la responsabilidad de aplicar la democracia como sistema de vida social y no lo hacen.

ES CUANTO

Críticas y comentarios, se reciben en larapeniche@hotmail.com

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