DE LA DIVERSIDAD EN LAS OPINIONES

Por el Borrego Peludo

 El afamado periodista Jorge Gilberto Ramos Avalos, recientemente entrevistado por Ismael Cala para la CNÑ, respondió a una pregunta diciéndole a su entrevistador “no creas todo lo que dicen los periodistas”. Cala le dijo que algo similar le había dicho Rafael Correa, Presidente de Ecuador, en una entrevista realizada al estadista anteriormente. El asunto terminó entre risas y finalmente respondió la pregunta, como seguramente hizo Correa también.

Ramos posee un currículum impresionante. De su biografía tomamos los siguientes datos: Jorge Ramos es considerado uno de “los 25 hispanos más influyentes de Estados Unidos” (revista Time). Newsweek lo incluyó en su lista de 50 políticos y comunicadores del país. Una encuesta del Pew Hispanic Center determinó que Ramos es el segundo  líder latino más reconocido de norteamérica. La revista Latino Leaders dice que es uno de  “los 10 Latinos más admirados en Estados Unidos” y de los “101 líderes de la  comunidad hispana.” People en Español lo incluyó en su lista de los 100 latinos de mayor influencia en norteamérica y la revista TIME lo incluyó entre los mejores 140 twiteros del 2012. Entre 1983 y la fecha ha recibido más de 20 importantes premios y distinciones.

Sin dudas Ramos no es simplemente un comunicador, es un formador de opiniones, y de mucho peso.

Sus “comentarios” pueden ir desde la defensa de la libertad de expresión o de preferencias sexuales, hasta los más complejos problemas de la Iglesia Católica o el Vaticano, pasando por las crisis sociales o políticas, y un sin fin de temas más.

Rafael Correa es simplemente un estadista latinoamericano, o mejor, “Estadista”, así con mayúscula.

Es obvio, si leemos o escuchamos lo expresado por uno y otro, que divergen en muy diversos temas y convergen, como si no, en otros muchos.

Quizás la diferencia principal entre ambos es que uno influye fuertemente en la formación de opiniones de millones de latinos dentro y fuera de los EEUU, para lo cual cuenta con la ayuda de la importante empresa mediática para la que labora, y el otro reedifica una nación casi sin el respaldo de los medios.

Afortunados quienes disponemos de la información previa necesaria para escuchar, procesar, comprender, compartir o no, lo que uno y otro tengan que decir en su común tarea de formar opiniones. Sin duda, seremos mucho más personas de nuestro tiempo si en ese proceso podemos llegar a opinar independientemente y con toda la profundidad que cada caso requiera.

Y sí, es cierto, también pensamos que no hay que creer todo lo que diga un periodista, lo útil es formar la propia opinión y que ésta responda a nuestra conciencia

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