EL PIZARRÍN

Por Eduardo Lara Peniche

 Espacio de corrupción

En toda organización social un espacio de suma importancia es el referente a la economía y el manejo de dinero, un espacio en el cual grandes y pequeñas sociedades inician su proceso de descomposición, un espacio en el que la ambición del ser humano supera las buenas intenciones y genera división entre los integrantes del grupo social.

Muchos de los graves problemas que la sociedad ha enfrentado en forma permanente son con relación al manejo de recursos económicos, principalmente cuando se trata de administrar dinero aportado por un grupo social, el cual tiene como objetivo lograr mejorar las condiciones de vida del grupo en su conjunto y más si ese grupo se organiza bajo el concepto de “buena voluntad”, sin que exista un documento legal que obligue a quienes son electos para administrar el dinero reunido a rendir cuentas formales y transparentes; en términos jurídicos, que exista una figura legal formal.

Una muestra fehaciente de este tipo de situaciones son los famosos comités de padres de familia de las escuelas oficiales, los cuales, desde su creación, hace más de cuarenta años, han sido objeto de innumerables quejas por la administración fraudulenta de las aportaciones económicas que obligatoriamente se les hace pagar a los padres de familia al inicio de cada curso escolar, supuestamente como participación social en la mejoras de las instalaciones escolares, pero que en realidad han servido para que la mayoría de quienes administran el dinero que los padres de familia se apropien de esos recursos, que en muchas ocasiones son aportados con un gran esfuerzo de los padres o tutores de los estudiantes, puesto que las condiciones laborales y económicas de nuestra sociedad, cada día son más limitadas.

Las llamadas “aportaciones voluntarias” se convirtieron en un botín muy apreciado por directores y dirigentes de las sociedades de padres de familia, quienes encontraron un modus vivendi a costillas de la mayoría. Pocas, muy pocas, son las escuelas en que, quienes administran los recursos económicos que aportan los padres de familia, están comprometidos a rendir cuentas claras y cumplir con el objetivo por el cual se solicita esa aportación económica.

Historias de corrupción sin límite son constantes en la mayoría de las escuelas oficiales, puesto que mediante el contubernio del director de la escuela con el presidente y tesorero de la sociedad de padres de familia, recaudan cientos de miles de pesos al inicio de cada curso escolar, dinero que por lo regular se deposita en una cuenta bancaria a nombres de estos integrantes de la organización escolar, quienes de manera discrecional, disponen de los recursos sin consultar a quienes aportaron el dinero para mejorar las instalaciones escolares a las que acuden sus hijos.

En muchas de las escuelas oficiales, el dinero que aportan los padres de familia es utilizado para pagar eventos sociales que poco benefician la educación de los estudiantes, tales como eventos sociales en los que se regalan premios, o se ofrecen alimentos a los asistentes, dejando a un lado las necesidades de contar con espacios dignos para que los niños y jóvenes puedan estar a gusto durante su jornada escolar.

Aulas oscuras, sin puertas o ventanas, con mobiliario incómodo y en pésimas condiciones, sin material didáctico suficiente, sin equipo adecuado para actividades de desarrollo (educación física, artística y tecnológica), carencia de equipos informáticos exigidos en la actual sociedad de la información y la comunicación, son evidencia de que las aportaciones que con mucho esfuerzo realizan gran parte de los padres de familia, no son utilizadas para los supuestos fines para los cuales se les obliga a aportar al inicio del curso escolar.

Sin embargo, muchos de los presidentes y tesoreros de las sociedades de padres de familia y directores de escuelas engordan sus cuentas personales rindiendo cuentas mediante recibos de dinero simples, que comprueban el pago de supuestos trabajos realizados en las instalaciones escolares, pero que en los hechos no se ven, puesto que al puro estilo del gobierno, más se tardan en realizar los trabajos que en que las instalaciones escolares nuevamente presenten los mismos desperfectos de siempre, con lo cual se justifica el saqueo de los recursos que aportan, en forma “voluntaria”, los padres de familia al inicio de cada curso escolar y que con la Reforma Educativa promulgada en enero de 2013, esas aportaciones serán obligatorias, aunque violen la fracción IV del artículo tercero constitucional, para beneplácito de quienes administren esos recursos.

ES CUANTO

Críticas y comentarios, se reciben en larapeniche@hotmail.com

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