ACTA DIURNA: LOS GENERALES Y EL NARCO…

Por Xavier Méndez Camacho

 El Ejército mexicano sufre hoy una de las más grandes crisis de credibilidad. Lo han enfrentado con los herederos de sus antiguos socios del narcotráfico; le hace la guerra  a regañadientes a sabiendas que durante años los generales se enriquecieron por la protección que les daban y si ahora no se involucran es porque saben que el riesgo es mayor que hace 30 años cuando el narcotráfico sentaba sus reales en el norte de México y no quieren hundirse en el descrédito como lo que le ocurrió al General Gutiérrez Rebollo, al general Mario Arturo Acosta Chaparro o al mismo Francisco Quirós Hermosillo, de triste memoria.

¿ Cuándo se rompió el maridaje entre el Ejército y los cárteles de la droga mexicanos?. Habría que remontarse a la época del presidente Adolfo López Mateos, (1958-1964) cuando el distinguido General originario del rancho de San Venancio, municipio de Todos Santos, Distrito de Baja California, Agustín Olachea Avilés era secretario de la Defensa Nacional.

¿Sabía usted  que el General Olachea, antes de asumir ese importante cargo fue  jefe de la zona militar en Chihuahua?. Esto no tendría nada de importante a no ser porque los siguientes secretarios de la Defensa Nacional, hasta el periodo de Miguel de la Madrid Hurtado fueron todos jefes de operaciones de esa importante zona hoy abatida y ensangrentada  por las balas del crimen organizado.

Vea usted: durante la administración de Gustavo Díaz Ordaz, (1964-1970) tocó el turno al general Marcelino García Barragán “El Tigre”, papá de don Javier García Paniaga, quien tuvo labor destacada en esa zona, fue jefe de la zona militar.

Como premio se le dio la Secretaría de la Defensa Nacional y desde ahí fue el artífice de la masacre del 68.

Después, con Luis Echeverría Álvarez,( 1970-1976)  ascendió Hermenegildo Cuenca Díaz, bajacaliforniano, egresado del Colegio Militar  que antes de ser ministro de la Defensa fue ( otra vez) jefe de Operaciones de la Zona Militar de Chihuahua.

Con José López Portillo (1976-1982) llegó el General Félix Galván López y adivine. También antes de ser Secretario fungió como Jefe de la Zona Militar de Chihuahua.

Con Miguel de La Madrid Hurtado , las Fuerzas Armadas estuvieron a cargo del General  Juan Arévalo Gardoqui que había pasado también por la Zona de Chihuahua. ¿ Que hacía tan importante a esa Plaza que prácticamente les daba el pase automático a los generales para ocupar el Ministerio  de Defensa?.

En noviembre de 1984 el gobierno mexicano presionado por la DEA ( Drug Enforcement Administration)  tuvo que dar a conocer la existencia de un enorme sembradío conocido como “Rancho Búfalo” donde se encontraron más de 10 mil toneladas de mariguana propiedad de Rafael Caro Quintero.

El operativo implementado por la PGR de aquella época aseguró la droga y a una centena de campesinos pero a ningún traficante importante.

Lo más curioso es que “El Rancho Búfalo” estaba solamente a pocos kilómetros de la Zona Militar de Chihuahua y era custodiado por agentes de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad (DFS).

Se supo entonces que Chihuahua era el principal punto de trasiego de enervantes a Los Estados Unidos protegido por el gobierno civil y el Ejército. Dicen los que saben, que durante décadas el alto mando de las Fuerzas Armadas Mexicanas (incluido obviamente el presidente de la República en turno) daba protección a los cárteles de la droga porque todavía no se consideraba un problema de Seguridad Nacional y porque llenaba los bolsillos de los Generales y mandos medios que permanecían con ello contentos, y  fieles al sistema. El propio fiscal general de aquellos tiempos, era de Chihuahua, Oscar Flores Sánchez .

Casado con Patricia Clark, una actriz de telenovela (su nombre artístico era Patricia Morán) permitió el fomento al narcotráfico en la entidad y los habladores aseguran que era precisamente la señora Morán la que administraba las ganancias del narcotráfico en Juárez.

Eran los días en que los Generales del ejército gozaban de total impunidad y los narcos más.

Este escandaloso caso motivó el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar y provocó que cambiaran las reglas del juego.

Ya no sería el ejército el directamente intermediario entre el Gobierno y los Cárteles, ahora todo sería manejado desde Los Pinos.

De ahí que con  Carlos Salinas de Gortari,  su secretario de la Defensa Nacional, Antonio Riviello Bazán surgiera del estado de Nayarit, ya no de Chihuahua y Raúl Salinas hiciera poderoso a su propio Cártel: el del Golfo, en Tamaulipas, con el sobrino del legendario contrabandista Juan Nepomuceno Guerra, Juan García Ábrego. Lo demás es historia muy conocida.

Los Generales no quieren esta guerra. Deprime sus bolsillos, genera deserciones (porque el narco paga mejor) y le resta credibilidad ante la opinión pública porque se dan a conocer sus excesos (que no son pocos) hacia la población y todo esto aunado a las pugnas que se viven al interior de la Secretaría.

Desean con vehemencia que regresen esos viejos y adorados tiempos donde, los Generales almacenaban cofres llenos de centenarios de oro, se hinchaban de dinero y morían millonarios  plácidamente pero con vergüenza de sus herederos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s