LOS PUEBLOS INDÍGENAS

Por el Borrego Peludo

 Las Naciones Unidas han declarado el 9 de agosto como Día Internacional de los Pueblos Indígenas. Curiosamente la fecha anterior, 8 de agosto, es el Día Mundial del Orgasmo, declarado así por alguna organización o entidad que no conozco. No creo que la cercanía de fechas sea porque un tema y otro tengan relación, lo que sí no deja dudas es la importancia de ambos asuntos para la supervivencia de la raza humana en todas sus manifestaciones.

Buscando en la red un concepto de Indígena logré conocer que es un término que, en sentido amplio, se aplica a todo aquello que es relativo a una población originaria del territorio que habita, cuyo establecimiento en el mismo precede al de otros pueblos o cuya presencia es lo suficientemente prolongada y estable como para tenerla por oriunda (es decir, originario de un lugar). Con el mismo sentido se utiliza, con mayor frecuencia, el término equivalente nativo, presente en expresiones como “idioma nativo”. También es habitual utilizar términos como pueblos originarios, naciones nativas o aborígenes.

Luego encontré cifras pues la Organización de las Naciones Unidas estima en poco más de 300 millones la cantidad de indígenas que habitan en el mundo (5000 pueblos asentados en 70 países) de los cuales entre 40 y 60 millones residen en América. Otros criterios dan una cifra de unos 350 millones de indígenas en todo el mundo, en algunos casos manteniendo sus formas ancestrales de vida. Entre ellos, los más destacados son los pueblos nómadas y en general aquellos pueblos que viven en sociedades tribales. En muchas otras ocasiones, los pueblos indígenas se han visto obligados a asimilar los patrones de vida occidentales, aunque sigan manteniendo ciertas tradiciones o el idioma. Son más de cinco mil pueblos con su propia forma de ver el mundo, sus particularidades culturales y lingüísticas y con una voluntad cada vez más fuerte de reivindicarlas y de sentirse orgullosos de ellas, a pesar de siglos de opresión y dominación cultural, política, económica y social por parte de grupos socioeconómicos más fuertes.

La sorpresa vino cuando descubrí que esos criterios no son aplicables en Europa, pues de serlo los vascos serían un pueblo indígena por demás ocupados por una potencia extranjera, España, que les mantiene atados al reino mediante fueros y otras artimañas jurídicas.

El problema es que el concepto de indígenas es europeo y aplica sólo a regiones ajenas al viejo continente.

Hoy en día los pueblos indígenas, autóctonos, aborígenes, o como quiera llamárseles, luchan desesperadamente por sobrevivir social y culturalmente, defienden sus costumbres y acervo con fiereza antes no vista, y pretenden no ser absorbidos aun cuando usen internet, teléfonos celulares, tengan radioemisoras y prensa local, y aprovechen incluso en beneficio de su causa todos los adelantos de la humanidad.

Hace poco científicos chilenos han logrado aislar el principio activo contenido por unas yerbas usadas hace siglos por los mapuches. Han patentado un medicamento y para sorpresa del mundo han propuesto compartir con los indígenas  los ingresos que las patentes del nuevo producto generen, para con ello contribuir al desarrollo de esas comunidades. Eso es noticia, por demás demostrativas de que aún existen principios éticos entre quienes mueven al planeta hacia una vertiginosa modernidad.

Llevar ciencia y técnica a los pueblos indígenas puede ser en el fondo una concepción colonizadora. Dejarlos fuera de lo que el resto de la humanidad ha descubierto pudiera verse como una acción discriminadora.

En un mundo totalmente globalizado, intercomunicado, convertido en una gran aldea, es imposible pronosticar cómo será el futuro de los pueblos indígenas. Quizás por eso recientemente en La Habana se han reunido especialistas de numerosos países en un Coloquio Internacional sobre Culturas Originarias de América, que ha querido ser un preámbulo del evento que la ONU convocó en New York para el próximo septiembre con similar objetivo.

Hay retos y reclamos, pueblos lacerados por la colonización aspiran a ver cumplidas muchas promesas de reivindicación. Otros proyectos, como el estado plurinacional de Bolivia, avanzan y se consolidan.

Cada año desaparecen varios idiomas y dialectos locales. Cada vez más costumbres de unos lugares son implantados en otros.

Sólo el futuro nos dirá qué será salvado de las culturas indígenas y cuan global será la humanidad.

Por lo pronto dejemos que los especialistas y sabios traten de hacer viable un futuro donde no todos hablemos igual, pensemos lo mismo, comamos de igual manera, y hasta pretendamos que los orgasmos sean idénticos para cualquier criatura.

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