CONFESIONES

Por Guillermo Vázquez Handall

Reapareció en la escena pública Pedro Aspe Armella, poderosísimo secretario de Hacienda en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, y aunque no gusta de hacerlo, nadie duda de su vigencia y gran influencia en el sector hacendario y financiero, tanto público como privado nacional.

Aspe sigue siendo, como se diría en la jerga taurina, el mandón,  la cabeza del grupo hacendario que domina esa asignatura en el país, integrada por Francisco Gil, Agustín Carstens, Guillermo Ortiz, José Ángel Gurria y José Antonio Meade, entre sus miembros más connotados.

Todos ellos se han formado bajo una misma línea doctrinal, en la misma escuela, unos han sido maestros y mentores de otros, de tal suerte que son un mismo grupo, que además es muy compacto y unido.

Independientemente de su filiación y simpatías partidistas, han logrado dominar y dirigir el sector tanto en la Secretaría de Hacienda, como en el Banco de México por décadas ininterrumpidas, incluso durante la alternancia. Entre ellos median códigos de conducta, reglas estrictas que han sido las que han favorecido su permanencia y predominio, no sólo en lo que respecta al aspecto técnico, a su manera también en lo político.

En atención a estos antecedentes, llama poderosamente la atención las expresiones de Pedro Aspe respecto de la Reforma Hacendaria y por supuesto en contra de Luis Videgaray su autor, que en su momento fue su alumno, empleado y protegido.

Videgaray fue discípulo de Aspe en el Itam, el alma mater del grupo, después de ello lo incorporó a su empresa de asesoría Protego Consultores como analista.

Cuando el gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, lo contrató para renegociar la deuda de la entidad, Aspe designó a Videgaray como responsable del proyecto.

Su enlace fue el líder del Congreso del Estado, Enrique Peña Nieto, quien le cobra confianza al grado de hacerlo su secretario de Hacienda estatal cuando fue gobernador.

Por principio de cuentas habría que suponer que Aspe tendría que seguir siendo el principal asesor, sino el referente de las decisiones en la materia de este gobierno y personalmente de Luis Videgaray. Pero es evidente que eso no sólo no es así, sino que incluso Aspe Armella reprueba abiertamente las determinaciones de Videgaray, se aleja de ellas, además de explicar los errores de contenido y sentido de las mismas.

Pedro Aspe criticó severamente el contenido y sentido de la reforma y adicionalmente cual dardo envenenado, se deslindó personalmente de ella y como vocero del grupo, de la participación de los miembros del mismo antes mencionados.

Anteriormente le había relatado en este espacio, que en diversas reuniones de carácter privado Aspe Armella, ha definido que siempre consideró a Videgaray como un muy buen analista, pero sin el talento y la capacidad para dirigir la Secretaría de Hacienda y mucho menos para plantear una reforma hacendaria de la magnitud requerida.

Un gran contraste sin duda, porque mientras Videgaray recibe premios internacionales como el de la semana pasada, que todavía no sabemos por qué o para qué ha servido, en el país la situación económica se va complicando cada vez más debido a sus políticas.

Una discrepancia entre las perspectivas de crecimiento expuestas por el gobierno y la realidad latente cotidiana, pero sobre todo la ácida crítica de su propio maestro y mentor.

Las expresiones de Aspe no se pueden tomar a la ligera, no sólo por su nivel de conocimiento, sino porque en su calidad de líder moral del sector, su reproche más allá de un rompimiento del grupo hacendario con Videgaray, significa una condena total.

Aspe señala que no se puede crecer si atenta contra la producción, herramienta fundamental para generar desarrollo, cuando las políticas impuestas por Videgaray atentan claramente contra ese precepto fundamental.

Sin embargo; a Videgaray poco parece importarle el descontento colectivo nacional, el impacto negativo de sus determinaciones para los intereses electorales del régimen al que pertenece y en teoría se debe.

Es claro que personalmente no tiene mayor ambición política, es decir, contrario a lo que todos podríamos pensar, no pretende ser candidato a la Presidencia de la República.

De otra forma su comportamiento sería inexplicable, contradictorio, de tal suerte que sus motivaciones, aparte del talante soberbio, están encaminadas a otros intereses, aunque esos mismos parecen no estar en sintonía con los sistemas del que forma parte.

Al interior del propio gobierno, sobre todo en las áreas de responsabilidad política, existe una enorme preocupación debido a los efectos de la política hacendaria en su vertiente tributaria.

Los cálculos definen que éstos serán un obstáculo mayúsculo para el Revolucionario Institucional en la próxima elección federal, sin embargo, y a pesar de esa coyuntura, todavía no se ve una decisión presidencial para recomponer la circunstancia.

No se trata de la permanencia de Videgaray en la Secretaría de Hacienda, sino simple y llanamente en la corrección del error, que puede resultar extremadamente costoso y el tiempo se agota para el gobierno, para el PRI, pero sobre todo para el país.

Twitter: @vazquezhandall

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