CONFESIONES

Por Guillermo Vázquez Handall

 Si bien es cierto que la situación de los partidos nacionales de izquierda no supone una crisis del tamaño y como la que se vive al interior de Acción Nacional, su segmentación tendrá un efecto de división que debilita a esta corriente política nacional.

No se puede hablar de un sisma como tal, toda vez que la reciente elección de consejeros del Partido de la Revolución Democrática a diferencia de lo que tradicionalmente sucedía en el pasado, se desarrolló en lo general en orden.

Con esto pareciera que los desencuentros y pleitos entre las denominadas tribus perredistas, si no se han erradicado, al menos han dejado de ser un factor preponderante en el transcurso de su convivencia interna.

El asunto no transita entonces en el enfrentamiento entre sus grupos, sino en su separación, porque de entrada la creación del partido de Andrés Manuel López Obrador, Movimiento de Regeneración Nacional, significa una escisión mayúscula.

Si partimos de la base que López Obrador se lleva consigo más o menos a la mitad de la militancia perredista, electoralmente esto va a conllevar la repartición de los votos.

Pero en una ecuación matemática esto tampoco puede ser tan exacto, esto porque no necesariamente al repartir los sufragios se puedan conseguir escaños, tal vez eso pueda suceder en algunos escenarios pero no en la mayoría.

Veamos como ejemplo la siguiente elección federal, si Morena y el PRD ponen a competir a candidatos en un mismo distrito, la lógica indica que los votos se van a seccionar, aunque la suma total favoreciera a la tendencia de la izquierda.

Esto puede propiciar que los candidatos que en estos casos obtendrían el segundo lugar sean panistas o priístas, con el fraccionamiento de las tendencias bien podrían obtener triunfos claros.

De hecho en el pasado, la lógica de establecer coaliciones, incluso con otras fuerzas políticas, estaba orientada en ese sentido, a limitar las opciones y por ende la competencia.

En este caso es la misma izquierda la que se pone a competir entre si, más aún en las regiones y distritos donde asumen tener supremacía como en el Distrito Federal por ejemplo.

Visto así, el panorama para la izquierda no puede ser peor, porque aún y cuando como corriente alcancen un posicionamiento importante en la simpatía ciudadana, se parcializa la oportunidad en la repartición.

Si hoy la izquierda es la segunda fuerza política nacional, al afrontar el proceso electoral con varias opciones, los sufragios se van a pulverizar al grado de perder esa posición en lo general y perder muchos distritos que hasta ahora han sido suyos.

Aunque en cada entidad y dentro de éstas, incluso las regiones, tienen comportamientos diferentes, la circunstancia sólo puede conllevar confusión, porque en todo caso el asunto de la decisión popular, ya no solo va a corresponder al planteamiento ideológico.

No se trata de un asunto de equilibrios solamente, las victorias electorales de la izquierda, aún a pesar de sus conflictos internos se debieron a la presentación de un frente común.

Al separar la oferta también se pierde la capacidad de operación, sobre todo considerando que esa división también va afectar la organización de sus grupos y corrientes.

Visto así, independientemente de los intereses de sus liderazgos y grupos, al fragmentarse la izquierda pierde un altísimo nivel de competencia y con ello de presencia.

Conceptualmente no es factible competir política y electoralmente contra el régimen del que se es oposición debilitando la propia fuerza, más aún si eso obedece a los intereses personales de sus líderes.

Ahora Forbes evidencia a Videgaray

En la columna anterior comentábamos la crítica y deslinde de Pedro Aspe, secretario de Hacienda de Carlos Salinas de Gortari y cabeza vigente de los principales actores de su sector, en contra de la Reforma Hacendaria.

Coincidentemente es ahora Steve Forbes, presidente de la muy influyente publicación especializada que lleva su apellido,  también se suma abiertamente a la crítica.

Forbes de manera puntual señala, que no es posible fomentar un mayor nivel de crecimiento económico, aumentando impuestos y complicando su forma de pago.

Para Forbes la aplicación de la Reforma Hacendaria ha tenido un efecto claramente contrario: “Más impuestos no incrementarán los ingresos del gobierno, la trampa es que si las ganancias bajan, los impuestos suban”.

Lo contrastante es que mientras los expertos nacionales e internacionales en la materia y las dirigencias del sector privado rechazan categóricamente la política fiscal gubernamental,  Videgaray siga recibiendo premios por su desempeño.

Sobre todo porque estos reconocimientos entregados a Videgaray, independientemente de la seriedad y prestigio de las instituciones que se los han concedido, en términos llanos no reflejan la realidad.

Pareciera y eso sólo es una teoría, que la entrega de esos premios no puede ser genuina y más bien obedece a una intención publicitaria, que limita su credibilidad.

El curso de la economía se mide, más allá de una política de relaciones públicas internacional, se  determina en los resultados y estos evidentemente no son positivos.

Twitter: @vazquezhandall

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