CONFESIONES

Por Guillermo Vázquez Handall

 Regularmente y más en estos tiempos, en los que lo que priva por encima de cualquier denominador es precisamente la descalificación por descontado, es muy difícil que cuando un político recibe un reconocimiento por su trayectoria pública, éste realmente vaya acompañado de la aceptación y el respeto social.

Pero como en toda regla siempre hay una excepción, el muy reciente y merecido homenaje que recibe María Cristina Sangri, de parte del Comité Ejecutivo Nacional del Revolucionario Institucional, con la presencia del su presidente César Camacho Quiroz, es con toda justicia una distinción ganada a pulso.

María Cristina Sangri fue considerada por su partido como una líder de siempre, concepto utilizado exprofeso para reconocer a figuras que han logrado trascender en sus carreras públicas.

Muy independientemente del gran afecto personal, de la relación familiar y la extraordinaria oportunidad de haber compartido con ella responsabilidad en el gabinete estatal quintanarroense, este homenaje es sin duda motivo de orgullo para ella y para todos aquellos que le profesamos profundo respeto y cariño, que afortunadamente somos muchos.

María Cristina Sangri construyó su carrera política, en una época en que las oportunidades para las mujeres eran muy limitadas, aún así con esas dificultades, sin necesidad de argucias, logró trascender ocupando los cargos públicos más importantes.

Lo fue todo, presidenta municipal, senadora de la República, secretaria de Gabinete estatal y dirigente nacional de la organización de las mujeres del PRI, sólo por destacar algunos de los muchos y muy importantes espacios que ocupó.

Sin embargo, lo que resulta muy gratificante, además de premiar su brillante trayectoria, es la forma en la que la desarrolló, siempre e invariablemente con el comportamiento ante todo de una dama distinguida.

La querida Cristina no se ocupó en lo que se denomina la grilla palaciega, nunca chantajeó o traicionó, institucional ante todo simple y llanamente se dedicó a cumplir con sus responsabilidades, con el talante proveniente de una educación en la cual la amabilidad es una condición de vida.

Hoy su figura en coincidencia con el reconocimiento que recibe, por supuesto supone una dimensión mayor que marca diferencia, por lo que representa su ejemplo de vida y dedicación genuina al servicio público.

Por esa razón esta merecida distinción y todo lo que ella implica como explicábamos, tiene que ser el elemento desde donde se compare el desempeño de las mujeres que hoy ocupan cargos públicos y políticos.

Porque como se dice en la jerga cotidiana, Cristina ha puesto la vara muy alta, y poder alcanzar su dimensión resulta pues muy complicado, sin embargo eso al menos deberá ser un acicate sino aliciente, para las que como ella aspiren a dejar huella en la vida pública.

No es un tema de equidad de género, lo es de desempeño, la lucha histórica de la mujer para ser reconocida y por ello tener las mismas oportunidades ha rendido frutos tangibles, gracias precisamente al esfuerzo de quienes en el pasado, tanto se esforzaron como María Cristina Sangri para alcanzar esa jerarquía.

Aunque comparar las condiciones de los momentos pasados con los del presente puede resultar no ser una medida exacta para establecer diferencias, hay que cosas que nunca cambian.

Habría que decir que María Cristina Sangri jamás fue objeto de escándalos, no construyó su popularidad en la vanidad o la simulación, como ahora se pretende en la plataforma de las redes sociales.

Lo hizo con el trato directo y la calidez que debe privilegiar la relación entre la autoridad y la sociedad, con esa sencillez característica y propia de las grandes damas, nunca bajo la premisa de caer en la tentación de asumirse como una celebridad, como lamentablemente ocurre en la actualidad.

María Cristina Sangri, sin ninguna duda ocupa un lugar privilegiado en la historia política de la entidad, es en justicia un personaje clave en el desarrollo de Quintana Roo.

Su aportación que, insistimos, va más allá de su propia trayectoria y las responsabilidades que asumió, se relaciona con un comportamiento impecable y por ende, intachable.

Un ejemplo extraordinario de que se puede triunfar haciendo las cosas correctamente, de que se puede escribir una historia personal brillante en la base de los resultados y la eficiencia, pero sobre todo de un comportamiento honesto.

María Cristina Sangri es una quintanarroense excepcional, este reconocimiento como los que ha recibido en el pasado y los que seguramente seguirá acumulando, tienen que ser motivo de orgullo colectivo.

Aunque no podría haber mejor forma de honrar su legado que siguiendo su ejemplo, es así como la trascendencia de su aportación se convertirá en una referencia.

Los personajes de esta talla representan lo mejor de nuestra de sociedad, el tributo a su trayectoria es una reconciliación con la idea de que la política si puede generar confianza.

Qué bueno por la querida Cristina, la gran Cristina, a quien dedicarle elogios no puede ser un acto de adulación, sino de justísimo reconocimiento y si porque eso no se puede omitir de un gran y profundo afecto de vida.

Twitter: @vazquezhandall

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