REVOLTIJO

Por Eloísa González Martín del Campo

Bullicioso y popular mercado

El Mercado 23 punto de reunión de ciudadanos y turistas. Mayor actividad al mediodía pese al intenso calor y humedad. Dulcerías, zapaterías, locales de abarrotes, frutas, verduras, carnicerías, pollerías y pescaderías entre los más visitados.

Deslavado y casi imposible de leer luce con orgullo su nombre “Javier Rojo Gómez” y para que no quede la mínima duda arriba de “Javier Rojo Gómez” se lee clarísimo “Mercado 23” con letras negras perfectamente delineadas aclarando el nombre del mercado más popular de Cancún. El 23 se ha convertido al paso de los años en un punto de reunión en donde decenas de locales han sido testigos silenciosos de la peculiar historia de este lugar. En el 23 no hay descanso y el movimiento es constante las 24 horas durante los 365 días del año y la actividad aumenta al grado de la locura previo a la celebración de festejos clave para los mexicanos como el Día de Muertos, los Festejos Patrios y Guadalupanos, Navidad y Día de Reyes al ser el sitio en el que se encuentra todo lo necesario para dichas fechas. Con los primeros rayos del sol empieza el bullicio en el lugar, los clientes van y vienen de puesto en puesto en busca de los mejores productos, de las frutas y verduras más frescas, de los lácteos más sabrosos, del pollo recién matado, de los chicharrones más crujientes y de los jugos de naranja más dulces. “pásele, señito que va a llevar” vociferan los comerciantes con el ánimo de atraer al mayor número de compradores en el menor tiempo posible. Llega mediodía y los exquisitos olores de los locales de comida invaden el mercado provocando que a un buen número de clientes se le haga agua la boca y suspenda sus compras para echarse una tortita de lechón, unos calientitos y picositos tacos de moronga, unas enchiladas, gorditas y para terminar un jugo helado, agua de coco o un licuado para amainar el insoportable calor de las 12 hora en la que mayor actividad se registra. El día transcurre y las amas de casa caminan de un pasillo a otro y de puesto en puesto a toda prisa al tener que preparar la comida del día revisando la bolsa de mandado para que no les falte nada para la preparación de sus guisos. Por unos instantes se rompe la tranquilidad y uno que otro niño hace su típico berrinche se tira al piso y patalea exigiendo a su madre que le compre dulces en una de las tantas dulcerías con las que cuenta el 23. El bullicio es imparable como la insistencia de los comerciantes en ganar más clientela al saber que en unas horas el mercado quedará prácticamente vacío y sólo habrá uno que otro cliente urgido en comprar determinados productos. “Entre tres y cuatro casi no hay gente y los que atendemos pollerías o carnicerías nos ponemos a limpiar el local para que este listo al día siguiente”, dijo un comerciante. ¿Quién no conoce el 23? Ahí se reúnen comerciantes, ciudadanos, familias completas y en menor proporción turistas nacionales y extranjeros en su afán de conocer los lugares más representativos de Cancún. Quien no conoce el 23 no conoce Cancún al menos su centro porque la zona de playas es otro cantar. ¡Por fin!, llega el atardecer empieza a refrescar el ambiente desapareciendo el insoportable calor y humedad de mediodía y con el drástico cambio de clima la vida del 23 se apaga al menos por unas horas en espera de que empiece otro día más de trajín.

Casi cuatro décadas de vestir los pies

En una esquina de uno de los pasillos del mercado se percibe un intenso olor a cuero avisándonos de que estamos a unos cuantos metros de la zapatería “Laurita” que hace 36 años abrió sus puertas para los cancunenses. Del fondo del local salió Julio Humberto Silva uno de los nietos de sus propietarios Concepción Valle y Julio César Irabién (q.e.p.d). Para Humberto más que un trabajo la venta de calzado es un estilo de vida al que le tiene un gran cariño por tratarse de un negocio familiar que iniciaron sus abuelos hace 36 años “cuando uno le toma amor a las cosas el trabajo no se hace pesado y el tiempo pasa muy rápido”, aseguró. Sencillo y muy abierto en su plática  el nieto de los dueños recuerda que en sus inicios tenían varios locales de calzado en el mercado pero al paso de los años los vendieron para quedarse sólo con “Laurita” y dedicarse al calzado para ocasiones especiales. “Nuestros clientes saben que con nosotros encuentran desde los jaraneros para bailar jarana, los zapatos cerrados y botines para bailar folclor y las ballerinas que se usan en bailes de primavera, carnaval y fin de cursos”. Al ser un local de calzado especializado Humberto dijo que no tiene intención de cambiar de giro ya que desde niño vio a sus abuelitos, tíos y primos dedicarse a la venta de zapatos de piel y huaraches. “Somos de Campeche y hace casi 40 años llegamos a Cancún y 36 al mercado y desde entonces no nos movemos”.

Colorida y mágica tentación

Enfrente de la zona de zapaterías y sólo dividido por la calle está un local que ofrece productos para la organización de fiestas. Sentado en un pequeño banquillo el responsable de la tienda dice que las piñatas es lo que más venden y que tienen para todos los gustos. “Podemos hacer cualquier diseño desde los más clásicos hasta los más modernos dependiendo del cliente”. Colgando de los tradicionales mecates lucen decenas de piñatas hechas de papel periódico, cartón y papel maché pareciera que regalan una sonrisa a los clientes con tal de que las compren y hagan feliz a un pequeño en su fiesta de cumpleaños. Al igual que los múltiples colores y formas de las piñatas que saturan el techo del local los precios también son variados y van desde los 100 hasta los 250 pesos dependiendo del material con el que se hicieron “las de periódico son las más baratas y las de papel maché las más caras”, aseguró el responsable quien consideró que a pesar de la crisis económica los padres de familia siguen organizando fiestas infantiles “es una ciudad de niños, además es una tradición”.

Caen ventas de productos para boleros

A diferencia del pujante negocio de la venta de calzado especializado los productos y artículos para boleros está en franca crisis. Martha Menéndez propietaria del local cuenta que desde hace varios años sus ventas cayeron drásticamente “hay días que no vendemos nada por lo que ya no es negocio”. Con tristeza y resignación para Martha no hay otra opción ya que es el único local de los seis que tenía su esposo en el mercado debido a que los demás los tuvieron que vender para solventar varios gastos “entras en una profunda depresión que es difícil superar”. Las historias de este singular mercado son muchas y variadas, sin embargo, sus locatarios se encomiendan a la Virgen de Guadalupe y rezan para que mejoren sus ventas al nicho que está al interior del mercado en donde la imagen de la Morenita del Tepeyac esta a buen resguardo entre rejas de herrería blancas.

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