A nueve años de Wilma, Cancún no levanta cabeza

CANCUN.— Este 21 de octubre, hace exactamente nueve años, Cancún y todo el norte de Quintana Roo recibió el embate del huracán Wilma, que dejó pérdidas estimadas por más de 19 mil millones de pesos, principalmente en los municipios de Benito Juárez, Isla Mujeres, Solidaridad, Cozumel, Lázaro Cárdenas, además de Felipe Carrillo Puerto y la parte norte de Othón P. Blanco.

Quintana Roo vivió más de 48 horas de incertidumbre, zozobra y temor, pues la velocidad de traslación del fenómeno hidrometeorológico, de categoría 4, fue de apenas 9 kilómetros por hora, con un diámetro de afectación de 600 kilómetros y vientos superiores a los 270 km/h, lo que aumento su fuerza destructiva.

Cancún vivía un segundo momento de esplendor, que había recuperado después del paso del huracán Gilberto, en 1988, con un mercado inmobiliario en auge. Sin embargo en cuestiones políticas el panorama en Benito Juárez no era tan alentador. Tras tres años de una administración desastrosa del PVEM, con Juan Ignacio García Zalvidea “Chacho” a la cabeza, un saltimbanqui de la política de extrema derecha que terminó en la cárcel, Francisco Alor Quezada había ganado las elecciones locales de 2005 para recuperar al municipio para el PRI. Sin embargo lo perdió nuevamente tres años después a manos de la oposición, esta vez el PRD.

Cancún no se recuperaba de un saqueo, desde Wilma y la gente que aprovechó el caos del huracán para llevarse todo lo que podía, situación que fue imitada por los políticos que tomaron sucesivamente la presidencia municipal, para vivir otro de magnitudes apocalípticas.

Después vivieron las “tormentas políticas” llamadas Gregorio Sánchez y Julián Ricalde.

Benito Juárez fue gobernado por un personaje que se creía literalmente un iluminado: Gregorio Sánchez Martínez, que soñó con crear obras faraónicas e inmortales y en ese afán devastó el Ombligo Verde; mientras que su sucesor, Julián Ricalde Magaña, a pesar de ser nativo de Quintana Roo y que por lo mismo despertó muchas expectativas entre la población, se dedicó a expoliar a Cancún y aplico al pie de la letra el famoso lema de Carlos Hank González: “un político pobre es un pobre político”. Ambos personajes llevaron a la administración de Benito Juárez a niveles insostenibles, con niveles sin precedentes de corrupción y saqueo a las arcas, por lo que en 2013 el PRD perdió definitivamente Benito Juárez.

Toda esta situación creó un hartazgo entre los ciudadanos cancunenses, que se decantaron de nuevo por el PRI, con lo que llegó a la presidencia municipal Paul Carrillo de Cáceres, perteneciente a la nueva camada de políticos surgidos del sector juvenil del Revolucionario Institucional. Un presidente municipal puesto por compromiso, incapaz de poder manejar por si solo a Benito Juárez. Se rodeó de sus amigos de juventud, con quienes hacia sus tardeadas en “El Muellecito”, de la Bonampak.

Pero para su fortuna y de todos los cancunenses el gobierno del estado ha tomado el control financiero y asumió la responsabilidad de darle estabilidad al municipio, con lo que ha podido pagar su nómina. Gracias a ello en Benito Juárez no ha habido grandes tensiones políticas y con el respaldo del gobierno del estado el municipio está recuperando parte de lo perdido y se esperan mejores tiempos turísticos y un renacer del mercado inmobiliario y de la construcción.

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