CONFESIONES

Por Guillermo Vázquez Handall

 A su retorno al país después de su gira internacional por China y Australia, el presidente encuentra un panorama igual de complicado que cuando se fue, no porque pudiera esperarse que por el hecho de asistir a esos compromisos en tierras tan lejanas, el transcurso de los días hubiera colaborado a distender la situación.

Por el contrario, los temas principales de atención independientemente de su prioridad y relevancia, conllevan en este momento la toma de decisiones contundentes, porque esas determinaciones van a marcar el rumbo de la etapa final de su gobierno.

En primer lugar sobresale la inseguridad, que aunque si bien podríamos decir que está focalizada en algunas regiones, a raíz de la tragedia de Ayotzinapa y de las manifestaciones que esto hecho han provocado, la impresión nos remonta a una sensación generalizada.

El significado de estos acontecimientos, desnudan la debilidad institucional y del Estado de Derecho, lo que por consecuencia permea en una percepción de descomposición e indefensión.

Aunado a ello, el escándalo se relaciona con la compra de una propiedad a nombre de su esposa, elementos muy negativos para su partido en el previo del proceso electoral.

En atención de estos asuntos, a su regreso, lo primero que el presidente Peña Nieto ha expresado es, en materia de seguridad, la presentación de una estrategia institucional para combatir situaciones, específicamente como la que se vivió en Iguala, Guerrero.

Por el otro, lado una aclaración pertinente, de lo que el mismo mandatario ha calificado, como una serie de imprecisiones respecto de la adquisición del inmueble antes referido.

Y es que a reserva de lo que se dé a conocer y se plantee al respecto, por supuesto que en las dos circunstancias se requiere de inmediato, no sólo de explicaciones, sino de respuestas y que además estas sean contundentes.

Para atajar la crisis de credibilidad y confianza, el estado tiene que imponer el orden, pero en ello necesariamente debe hacerlo no solamente en uso de sus facultades legales, también con la suficiente calidad moral.

Sobre todo, después que en la gira internacional, a diferencia del pasado, el presidente no encontró en el extranjero el cobijo de la opinión internacional, por la que tanto ha apostado y que hasta ahora le venía funcionando perfectamente a su favor.

Porque aún y cuando la descomposición alcanza a todas las fuerzas políticas y esto por supuesto tienen que ver con la proximidad del proceso electoral, en un orden de prioridad, el Estado tiene que mantener su investidura.

Porque más allá del plano doméstico, la imagen internacional tiene una gran influencia en el desarrollo de la economía, y eso es muy importante para la estabilidad.

El rumbo de las intenciones y los intereses siempre cambia cuando se avecinan comicios, son momentos en que las estrategias generales se transforman en un solo objetivo.

Esto por añadidura es un factor de rompimiento, donde los acuerdos nacionales pasan a un segundo término para privilegiar la competencia electoral.

Aunque se supone que en esos tiempos se vale todo, hoy lo que está de por medio no es la supremacía electoral, sino la viabilidad del estado y eso le corresponde no sólo al gobierno, también a los partidos políticos.

Porque además de las circunstancias anteriormente descritas, hay todavía muchas asignaturas por resolver, como la situación económica por ejemplo, que no es una circunstancia que pueda olvidarse.

No se puede dejar de mencionar que el endurecimiento de la política fiscal, que es a todas luces persecutoria e intimidatoria, sin ninguna necesidad está convirtiéndose en un elemento negativo para la causa oficial.

Como si las mismas políticas gubernamentales, no estuvieran en plena sintonía con los objetivos fundamentales, lo que además supone un choque de criterios personales.

Sin descontar que el mismo proceso electoral como tal, es una complicación interna, en este caso para el régimen, en función de sus equilibrios intrínsecos, como de su principal interés para mantener la mayoría legislativa.

De tal suerte que el escenario nacional plantea dos vertientes, la prioridad que se relaciona con el armado de las listas para las candidaturas, donde se tienen que cuidar los equilibrios que mencionábamos.

Mismos que supongan una selección con capacidad para la competencia y obtener con ella al menos, la permanencia de la hegemonía legislativa, lo que implica la necesidad de una practicidad pragmática.

Por otro lado, la otra vertiente exige acciones de gobierno que seguramente en este momento no serán muy populares a primera vista, porque para recuperar el orden, el régimen tiene que actuar con una actitud apartidista.

La disyuntiva es el restablecimiento de las condiciones generales de la convivencia, cuando de ello se pueden derivar situaciones que por su propia naturaleza no sean precisamente para fortalecer la oferta política.

Claro que al final de cuentas esto se dirime en los resultados y eso es precisamente lo que la sociedad esta urgiendo, porque no se trata de una cuestión de intenciones o buenas voluntades, sino de acciones concretas.

Comentarios: Twitter@vazquezhandall

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