EDITORIAL

En la elección de 1988, la “salida” de Manuel Bartlett Díaz, entonces secretario de Gobernación, fue de que “se cayó el sistema”, enseguida la maledicencia política mexicana dijo que “se calló el sistema” y es que la elección presidencial había sido muy cerrada y el resultado final que después favoreció a Carlos Salinas de Gortari, lleno de dudas el ambiente y se especuló sobre la forma en que finalmente Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano se había resignado aunque siempre alegó el robo de la elección, aunque no al estilo de Andrés Manuel López Obrador, ante la cerrada derrota que le infligió Felipe Calderón Hinojosa, que ganó según sus propias palabras “haiga sido como haiga sido”, el ya era presidente de la República… Carlos Salinas de Gortari entró metiendo el acelerador en el control político y puso de secretario de Gobernación a don Fernando Gutiérrez Barrios, a la postre gobernador del estado de Veracruz, quien tuvo que dejar el gobierno en manos de Dante Delgado Rannauro, quien desde eso enloqueció y anda por la vida con capa y chistorra, don Fernando con fama de duro, de conocedor de propios y de extraños, con miles de fichas y miles de expedientes que permitían decir al que ya se creía político, de que lo era porque estaba seguro de estar entre esas fichas políticas, porque si no estaban ahí, no existían en la política… Por otro lado, también aceleró la economía y buscó la entrada de México a los grandes y prósperos mercados, firmando acuerdos de libre comercio a diestra y siniestra, un día nos enterábamos que eso había hablado en Europa donde era incipiente la comunidad económica europea y por otro lado lo veíamos por la televisión en Asia buscando lo mismo con japoneses y chinos, sin descuidar Sudamérica que también entraba en sus planes, lo que no teníamos ni tenemos, es la producción y el profesionalismo suficiente para competir con esos mercados y de pronto se dio lo máximo, lo que llenó de orgullo al país y ensalzó al presidente Salinas como un líder de gran visión internacional, se firmaba el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos de Norteamérica y con Canadá, un mercadote que nos íbamos a comer solitos, aunque nos empacháramos, Pedro Aspe Armella, secretario de Hacienda, hacía malabares para que no se le cayera el peso y nos fuéramos a una devaluación que se pintaba sola, Carlos Salinas era visto por propios y extraños como el político y el presidente que requería el país en esos momentos, para entrar por la puerta grande al primer mundo, lo que Luis Echeverría Álvarez tanto dijo, tanto soñó y tanto nos gritó hasta ensordecernos, Carlos Salinas era el prototipo del político exitoso, de enorme visión y con un liderazgo indiscutible, ya había corrido a don Fernando Gutiérrez Barrios de Gobernación y ahora controlaba el país desde Los Pinos, nadie se podía imaginar en noviembre de 1993, que un año después ese mismo Carlos Salinas de Gortari dejaría la Presidencia de la República con un desprestigio creciente, envuelto en la duda mundana sobre su intervención en cuanto al asesinato de Luis Donaldo Colosio, también en la ejecución de su cuñado y amigo José Francisco Ruiz Massieu, así como de la devaluación abrupta que tuvo que hacer Ernesto Zedillo Ponce de León, novel político que llegó a la Presidencia de la República de rebote y armando un equipo de gobierno al cual le hacía falta de todo, pero a él, a Zedillo, le hacía falta cerebro político, el primero de enero de 1994, el año de todos estos acontecimientos, desde Chiapas se amanecía Carlos Salinas con la noticia de que le declaraban “la guerra” y el EZLN con un subcomandante Marcos que terminó siendo un payaso y que dejó a los indios peor de lo que estaban, le movía el tapete al presidente de la República y le creaba un fenómeno de imagen de un revolucionario carismático con todo y máscara, con versos y poemas llenos de mensajes que todos pretendían creer que iban ahí, sin poder ver la burla, la sorna, el descaro de hablar de cosas serias sin hacerlo… Después de dos años, el presidente Enrique Peña Nieto iba por el mismo camino que Salinas, pintaba para ser un presidente reconocido mundialmente y ni qué decir a nivel nacional, solo que se tropezó con una piedra en su camino, que por ir viendo la gloria y al cielo, no pudo ver y ninguno de sus colaboradores fue capaz de prever, quitar, retirar o simplemente hacer a un lado para que no estuviera pasando lo que hoy pasa, un presidente sumido en la depresión política y en la sinrazón de lo que pasa que sería lo peor…

Quiniela:… Mal y de malas el procurador de general de la República, Jesús Murillo Karam, quien después de su tremendo oso con el “ya me cansé” que hizo girar a las redes sociales increíblemente y dejar en ridículo al señor procurador, ahora un ministerio público federal ¿o serán dos?, lo que sería más que grave que se hayan puesto de acuerdo, dejan en libertad a los once detenidos en las cárceles federales de Veracruz y Tamaulipas, los y las cuales salen como héroes y heroínas a contar lo que les hicieron, sin decir lo que ellos le hacen a nuestras ciudades y comunidades, Murillo Karam ya tiene que irse de la Procuraduría, que es un puesto de desgaste para cualquiera y refrendar su amistad con el presidente Enrique Peña Nieto con este acto, también para atenderse de esa enfermedad incurable que lo lleva a Houston innumerables veces…

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