ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Dos eventos son la punta de lanza del descontento popular, las desapariciones y el enriquecimiento de los políticos, empresarios y mafiosos.

Poco o nada se ha dicho de los objetivos o aspiraciones de los estudiantes de Ayotzinapa, que sirve de marco de referencia para encauzar la lucha social.

Ellos no iban a una fiesta, iban a exigir que las diferentes pobrezas que padecemos millones de mexicanos se terminaran.

La pobreza educativa, que va desde los contenidos del sistema educativo hasta las condiciones económicas y sociales  en que los implicados, alumnos, padres, madres de familia y maestros tienen que afrontar la educación en nuestro país.

La pobreza social que hace que los esfuerzos de los educadores no vean rendir frutos en su trabajo cotidiano y menos a mediano y largo plazo.

Se subieron a los camiones para protestar en contra de las condiciones de la aplicación de una economía que beneficia a unos cuantos y sume en la pobreza a millones de mexicanos que hoy viven en la semi-esclavitud, de enajenar su fuerza de trabajo por un plato de frijoles y unas cuantas tortillas.

Eso que es el fondo de la actividad de los 43, es lo que es menos estruendoso en los medios de comunicación, pero a los que se les debe dar la importancia primordial, seguro estoy que ellos nos dicen la sangre ya está dada no se olviden de los por qué la dimos.

No nos lo dicen nada más a los mexicanos, la sangre clama y reclama a los mandatarios de los países que ahondan las diferencias.

 Los mandatarios de Inglaterra, Alemania, España, Holanda, Brasil, Cuba, Venezuela y de todo aquel que no quiera ser cómplice o comparsa de las actividades criminales de los políticos encabezados por Peña Nieto.

Ya no incluí a Barack Obama porque ese está más que feliz con lo que sucede en nuestro país, le preocupa más los reclamos diarios de su esposa e hijas que la sangre derramada en nuestro país.

La dignidad del mexicano está lastimada, y esa dignidad se divide en muchas dignidades, la familiar, en donde se ha tenido que morder uno y la mitad del otro para llenar la panza de sus hijos y de su esposa.

La dignidad de tener servicios de salud de mejor nivel, de transporte en el que no vaya como lata de sardina o dando tumbos por las malas condiciones del transporte.

Lo más grave es que no se puede celebrar el fin de los gasolinazos, ni el triunfo del América, ya que a la “vuelta de la esquina” está la famosa cuesta de enero, esperemos que no sea un desfiladero como el famoso “error” de diciembre del 94.

La economía está de la chingada para más de 120 millones de mexicanos mientras unos cuantos “culeros” que tienen el título de diputados, senadores, regidores, presidentes municipales, gobernadores y parejas residenciales, se la pasan de lujo, no olvido a sus lamebotas que reciben migajas para decir que todo está bien.

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