ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

 La verdad es que uno no quisiera echar a perder el espíritu o ánimo que invade en esta época a millones de personas tanto a nivel mundial como nacional.

Olvidarse que Ricardo Salinas quedó limpio de toda acusación de enriquecimiento ilícito, no recordar el escándalo de la compra de casas al INFONAVIP (HIGA, cuyas siglas significan “higa tu madre” según el diccionario de la Real Academia de la Lengua del Facebook).

Uno quisiera no amargar Las Posadas con desaparecidos, mentiras de los políticos, montos de los aguinaldos de los diputados y en fin esas “cursilerías” que para los poderosos hoy son la “comidilla espiritual de muchos”.

Quisiera recordar las piñatas, no las que cuentan los “polacos”, sino esas de siete picos que aludían a los pecados capitales, los cuales no hallará nunca entre los que tienen el poder y el dinero: la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula, la pereza.

Esas piñatas hechas de barro que al romperse acababan con los pecados ya mencionados y como premio recibíamos naranjas, cañas, limas, algún juguete o dulces.

Hoy hasta eso se ha perdido las piñatas son de cartón y  de personajes de películas o comics gringos.

Ayer por la noche al en tres calles rompieron piñatas, lo que al menos habla de un poco de felicidad entre seres de todas las edades, ya que al menos veo que los adultos también nos emocionamos.

No hay que escribir como ejemplo de gula a Agustín Guillermo Carstens Carstens, la avaricia de Manlio Fabo Beltrones, la envidia de actrices que no les paga bien Televisa, la ira de La Gaviota por tener que vender su casita, la lujuria de tanto puñal que anda en las cámaras y el poder ejecutivo, la pereza esa de atender a las demandas ciudadanas como el “ya me canse”, la soberbia de los funcionarios de todos los estados como la de Miguel Mancera y su gabinete “bísquet”.

En fin el novenario o los nueve días que preceden al nacimiento de Jesús, pero no Ortega, mucho menos Zambrano, sino el revolucionario, el que dio su vida por sus ideales, no estos que entregaron las “nachas” por un puñado de monedas, los modernos “Judas”, esos que algún día le aventaron monedas a su guía Melchor Talamantes y lo llamaron ídem.

Esos novenarios que sustituyeron la tradición azteca de comprar un escalvo para después sacrificarlo, tal como hoy lo hacen los dueños del poder que esclavizan a millones y sacrifican a miles en la impunidad total.

Además no soy yo el que les amarga estas fiestas, para la mitad de los mexicanos no hay dinero ni para un kilo de huevo, no digamos un pollo, menos un pavo y la otra mitad tiene que endeudarse sí quiere cenar.

Mientras tanto cantaré “dale dale dale, no pierdas el tino, porque si lo pierdes, te chingan en el camino, ya le diste uno, ya le diste dos, ya le diste 43 y tu tiempo no acabó.

Lo bueno es que no hay piñatas de Carstens, ni con todos los dulces del Soriana la llenaría, bueno ese lujo sólo se lo pueden dar los hijos de Peña Nieto.

Hasta mañana.

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