CONFESIONES

Por Guillermo Vázquez Handall

 Los efectos de la crisis política y social nacional, que atraviesa el gobierno federal y personalmente el presidente Peña Nieto, también tienen un reflejo en Quintana Roo y éstos sobre todo son de corte eminentemente político y por implicación, también electoral.

Porque si bien es cierto que en la entidad los temas que se relacionan con la inseguridad y la violencia que acompaña la estrategia anarquista de las protestas, no han rebasado el margen tolerable, el impacto de la crisis tiene consecuencias.

Pero en este caso, esas coyunturas se relacionan, por encima del tema de la inseguridad o el económico,  directamente con decisiones de poder, más aún cuando estamos en el previo del proceso electoral federal, que es crucial para el sistema.

Suponiendo cómo todo indica que estos comicios puedan significar una derrota para el partido oficial, básicamente por una tendencia de voto de castigo en contra del gobierno, no necesariamente porque los partidos opositores estén mejor, en Quintana Roo el escenario es diferente.

Lo es porque el gobernador Roberto Borge tiene absoluto control de las estructuras políticas y electorales locales, porque la oposición en la entidad se ha extinguido materialmente hasta volverse inexistente.

Lo cual permite deducir que los tres distritos federales en competencia serán para el priísmo, a diferencia de lo que eventualmente pudiera suceder en el resto del país.

Sobre todo en el distrito por el que competirá el actual presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado, José Luis Toledo Medina, quien en los primeros días de enero solicitará la licencia respectiva, para inscribirse como candidato a diputado federal.

En este sentido, el pronóstico es que quien lo sustituirá en esa posición legislativa, será Pedro Flota Alcocer quien además seguirá siendo presidente del PRI estatal, en lo que se organiza su relevo, que no será inmediato.

Con este resultado electoral, indudablemente, el posicionamiento del gobernador Borge, al interior de la cúpula nacional del PRI, se elevaría muy por encima de muchos de sus colegas.

Porque serán muy pocos los gobernadores que podrán presumir de haber ganado todos sus distritos federales, y eso por supuesto impone una diferencia trascendente.

Más aún en lo que respecta al diseño de su propia sucesión, en la cual, además de las prerrogativas propias de los gobernadores en estos casos, Roberto Borge tendría, por derecho adquirido todo el margen de maniobra y autoridad para la designación del candidato a sucederlo.

Porque el argumento fundamental más aún cuando los resultados electorales son adversos en lo general, que es una regla, es privilegiar la posición de aquellos que han sido capaces de entregar buenas cuentas.

Esto lo que significa es que todas aquellas teorías falsas de origen, mediante las cuales se pretende presentar escenarios de ruptura del gobernador con el presidente, caen por su propio peso.

Porque no sólo estamos hablando de la relación cordial que media entre ellos, estamos atendiendo un análisis de circunstancia sobre hechos y su influencia.

El presidente en su calidad de máximo líder de su partido, necesita más que nunca el apoyo y concurso de sus gobernadores, quienes son los que realmente operan los procesos electorales en las entidades.

Ante el debilitamiento de la figura presidencial, no hay un argumento que pueda sostener que el presidente pudiera siquiera intentar imponer una candidatura al gobierno del estado, que fuera contraria al interés de Roberto Borge.

Esto no solo por lo peligroso que sería para el régimen, ante la posibilidad real de una desbandada de la clase política priísta local, sino simplemente porque la crisis actual ha reconformado la estructura de las decisiones, no hay pues espacio para medidas impositivas, que además carecen de sentido.

Las condiciones de esta crisis han provocado un nuevo acuerdo de poder electoral en el priísmo, en el son los gobernadores los artífices que pueden garantizar las victorias, no respetar ese acuerdo puede significar un enorme desequilibrio.

El presidente Peña Nieto ya no asume todo el poder investido en su posición, no al menos en lo que respecta a la vida interna de su partido, hoy el mandatario tiene por necesidad que construir, equilibrios y acuerdos funcionales de la mano de sus principales operadores.

Visto así, si el gobernador Roberto Borge sale victorioso en el próximo proceso electoral federal como todo parece indicar, la decisión respecto de su sucesión será materialmente suya, misma que por consecuencia tendrá todo el respaldo del presidente.

Por lo que como resultado de el análisis de circunstancia, independientemente del saldo negativo para el presidente y su gobierno derivado de la crisis, podemos aducir que, al contrario, los efectos son muy positivos para el gobernador Roberto Borge, lo que clarifica de manera contundente el hecho de que será él, quien conduzca y decida su propia sucesión.

“Con mis mejores deseos para una feliz navidad y prospero año nuevo, esperando seguir contando con el privilegio de su lectura, por este medio, estimados lectores reciban un fuerte y cariñoso abrazo, hasta enero”.

Comentarios: Twitter@vazquezhandall

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