ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

 El poder “enferma” a cualquiera, se necesita mucha preparación mental para no “marearse” y lo más importante un colaborador que tenga los suficientes pantalones para que siempre lo mantenga con los pies en la tierra.

Hace algún tiempo se publicó y se hizo muy popular el libro “Los Cuatro Acuerdos”: el cuarto, por cierto, señala que no debes tomarte nada como si fuera personal, “En la medida que alguien te quiera lastimar, ese alguien se lastima a sí mismo y el problema es de él y no tuyo”.

Otros textos lo dicen de diferente manera, “pon la otra mejilla”, hágase tu voluntad y no la mía”, en fin hay tantas frases que ayudan a hacer bien las cosas que no se entienden ciertas reacciones.

Sí EPN hubiera tomado el papelito que le dio la mujer, le sonríe y hasta la invita a dialogar las cosas ahorita estuvieran de su lado, pero como dice el refrán “para peñanieto no se estudia”, bueno el dicho dice otra palabra, pero me la ahorro, al fin es sinónimo.

Son cuatro pequeños actos que debes realizar siempre que sientas que el flujo del hígado va a remplazar al del cerebro, muchas veces se ha oído y leído eso que dice: respira profundo y cuenta hasta diez.

Muy pocos de los muchos críticos de los acontecimientos que hoy sufre el país, podrían dejar de lado eso que se llama “las mieles del poder”.

Antes de ser policías y tener poder, ya lo explicaba Carlitos Marx, eran parte del lumpen proletariado, es decir vagos, ninis, desempleados, sin estudios y le temían a la policía, luego por azares del destino se empoderan con una charola y un uniforme azul, tolete o pistola y vean lo que hacen diariamente.

Me estoy refiriendo a uno de los poderes del nivel más bajo de la escala o la lista de ellos ahora imagínense el del presidente.

Muchos de su gabinete, al igual que él, también hubieran podido caer en la definición de lumpen proletariado, ya que no tenían oficio ni beneficio, por eso cuando se pusieron una corbata y se les dio un nombramiento enloquecieron.

Según el sapo es la pedrada: si los “moches” con los policías van desde una “Sorjuanita” hasta los mil pesos, imagínese que los millones de las casas de Angélica y Videgaray son las mentadas “Sorjuanitas” o 50 pesos, de ese tamaño, sí no le pongo otro botón de muestra, el caso del hermano de Carlos Salinas de Gortari, ese sí cobraba de mil pa´arriba.

Así en esa lógica o sentido común, los sapos que ocupan diputaciones, senadurías, presidencias municipales, regidurías, gubernaturas y otros empleos de la burocracia, y como lo he dicho antes también en la sociedad hace aire.

El ejemplo más claro del que tengo conocimiento es el de los taxistas, sobre todo los del Distrito Federal, espero que no todos sean así, pero la mayoría traen “trampeado” el denominado “Taxímetro” que te cobra por tiempo y metro, ya ni el sexoservicio, imagínese si fuera el cobro bidimensional.

Bueno Carstens cobraría por tiempo y espacio.

Hasta mañana.

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