ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

 Son tantos los escándalos de los políticos mexicanos y tanto que desconocemos de su vida que ahora me parece que hay dos mundos.

Aquel en que buscan encumbrarse, en el que “todo mundo” parece que los conoce a la perfección y que les otorga un voto, para después aparecer en el otro, el real llenos de privilegios tan grandes que es difícil imaginar el origen de tanta riqueza.

El problema es que las percepciones se han unificado, el desarrollo que presumen los gobernantes no concuerda con la calidad de vida de la población.

Es imposible referir como el gran botón de muestra al ex gobernador de Oaxaca José Murat, por las condiciones económicas en las que sobreviven los pobladores de ese estado.

Lo que más duele es que ha habido tantos Murat, desde la época colonial hasta nuestros días que pareciera imposible hacer propuestas para terminar con la corrupción en nuestro país.

Créanme no es fácil establecer acciones que vayan más allá de las publicaciones por diversos medios en que se manifieste el descontento por la situación en que se ven inmersos millones de mexicanos.

No son pocos los críticos de los que utilizan las redes sociales y que os invitan a hacer más, el problema es que no dan otras opciones que vayan más allá de plantones y marchas.

El siguiente escalón, el que le sigue a la resistencia civil pacífica es el de la desobediencia civil pacífica, pero las base de organización de la sociedad aún no están cimentadas.

No puede ser que solo unos cuantos ciudadanos, decenas, centenas millares o millones, lo hagan.

La desobediencia civil es el abstenerse de seguir ordenamientos que implican pago de impuestos, y solo con una gran mayoría se evitaría la represión del estado.

Ante esto no queda otra más que avanzar de a poquito, trabajar en construir consensos a nivel sociedad civil sobre determinadas acciones que no impliquen violaciones al orden jurídico.

De otra forma todo aquel que intente lo contrario independientemente de acusar recibo de las consecuencias no tendrá otra ganancia que el amargo sabor de haber andado por el camino que conduce al fracaso.

En la mente de los mexicanos hace muchos ayeres se sembró la semilla de la esperanza de la llegada de un mesías que les librará de sus males, provocados por los que administran el dinero del pueblo.

Las cosas no han cambiado mucho, pero a través de las redes sociales cada vez son menos los que tienen esa mentalidad y aunque para muchos jóvenes pareciera que la comunicación era tan sencilla como lo es hoy, hay que decirles que no había tal.

Además que aún falta que una parte muy grande de la población tenga acceso a las redes sociales, por algo los servicios de internet, telefonía y televisión de paga son considerados de muy alto costo.

El gobierno es el menos interesado en que la población tenga acceso a otro tipo de comunicación que no sea la tan bien criticada por sus servicios y tendencias conservadoras como lo son las empresas controladas por Televisa y Azteca ya sea vía radio o televisión.

Los mismos que tenemos acceso a las redes sociales vía internet lo tenemos a las noticias de la televisión de paga, además de que es necesario elevar el nivel cultural de los que van accediendo a los sistemas informativos.

De mi experiencia en redes sociales puedo decir que son tres o cuatro los temas que más publican: deportes, humor, política y espectáculos.

La parte de la política se restringe cuando mucho a un diez por ciento de los contactos.

La razones son simples, son las frases que escribí al principio, que hacen referencia al desconocimiento de los políticos y sus actuaciones.

La esfera privada de los que se dicen servidores públicos es tan amplia que los protege de todas sus fechorías.

Son grupos muy cerrados que solo las peleas o desavenencias entre ellos hacen que podamos enterarnos de todo lo que han saqueado.

El enfrentamiento entre Peña Nieto y su grupo contra el de Salinas de Gortari es lo que ha puesto en evidencia una parte de la magnitud de la corrupción del sistema político mexicano, no crea que han sido los partidos de oposición, para nada, ellos son como las Rémoras, esos peces que se alimentan de las sobras que dejan los tiburones y así son felices, por ahí no hay nada que hacer.

Hasta mañana.

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