ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

 ¡Una de fútbol! Si ustedes me lo permiten, hoy tengo el ánimo de escribir sobre ese mundo tan maravilloso del deporte.

La verdad es que uno se cansa de escuchar comentarios que le dan vuelta al tema como si fuese perinola que nunca se detiene y que al menos se concluya en algo como en un toma dos, pon uno, toma todo o pon todo.

El fútbol como en todo negocio, el propietario busca ofrecer un producto que le reditúe la mayor ganancia, el modelo que tratan de implementar es el del fútbol inglés, el prototipo es lo que sucede en el club América, pero muchos van hacia allá.

Eso tiene su razón de ser las quejas por pérdidas en el fútbol mexicano son recurrentes y se abre un abismo entre los equipos que tienen dueños con mayor poder económico.

La selección mexicana, aunque redituable, no es el negocio principal de los propietarios de los clubes.

Hay un problema del que poco se ha hablado y es la esperanza, la estimulación o los sueños de millones de niños o jóvenes que desean ser futbolistas, cada vez menos y la deserción es mayor ante las pocas oportunidades.

Un sueño que, de seguir con la implementación del actual modelo, a largo plazo va a generar un daño social más grande, de por sí el esquema actual de la formación de niños y jóvenes en fuerzas básicas no da resultado, menos esperanza se tiene a futuro con los espacios ocupados por los extranjeros.

Encontrar un justo medio sería aquel que proponga: que en vez de cinco extranjeros solo se permitieran tres, lo que a futuro también bajaría, lógicamente, el numero de nacionalizados y abriría la puerta a los futbolistas de nuestro México.

“Materia prima” hay en muchos lugares del país, lo grave es que hay ciertas prácticas que no permiten que los mejores quieran dedicarse al fútbol.

Es necesario lograr acuerdos mínimos sobre la forma y el fondo en la preparación de los niños y los jóvenes; es fácil ver que en cada club el apoyo a los formadores es casi nulo simplemente se les da un balón y háganle como puedan para producir jugadores, para qué les cuento de los salarios tan bajos que perciben.

Los dueños debieron voltear hacia Alemania o Estados Unidos, donde sí le invierten a las fuerzas básicas, al menos como una forma, no sólo de producir jugadores, sino de mejoramiento social.

Otro punto es la discusión que se traen desde que se iniciaron los torneos cortos, ya se les dijo que es un negocio y así lo demuestran casi todos los deportes de equipo, en la mayoría hay liguillas, llámese beisbol, fútbol americano o basquetbol y eso gusta a muchos aficionados.

Esto que expongo no es un pensamiento aislado un gran número de personas y personalidades más ligadas al fútbol lo saben, lo malo es que no se encuentran cerca de la cúspide de la pirámide del sistema del fútbol.

Por lo tanto los formadores no pueden emprender los cambios significativos que tienen en su mente, para que se les permita una mayor producción de jugadores de primer nivel, las frustraciones de no ver a sus pupilos debutar provienen de la exigencia de dos premisas que se contraponen a) resultados versus b) formación.

Mientras se exigen resultados, triunfos en los torneos, a toda costa en las fuerzas básicas poco o nada se puede hacer en la formación.

Hasta mañana.

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