¡QUÉ CALOR!

Por El Borrego Peludo

Para quienes vivimos en zonas tropicales cada año, al despedir el leve invierno, el clima adquiere connotación noticiosa acompañada de comentarios referidos a las altas temperaturas, la elevada humedad relativa, y la agobiante sensación térmica que nos hace parecer trozos de carne en una estufa.

Alguien dirá: ¡qué calor! La respuesta obligada no puede ser otra que “espera que llegue julio y agosto”. De inmediato se impondrá el análisis científico popular para concluir que antes no era así la entrada del verano, que llovía más y por tanto las noches eran más frescas, que el clima está cambiando.

Pero para beneplácito del público las agencias especializadas aportarán datos acerca de temperaturas promedio para cada mes, máximas registradas desde que se llevan estadísticas confiables, y pronósticos basados en los fenómenos del Niño y la Niña en el Pacífico, tendencias del Anticiclón del Atlántico, cálculos pluviométricos que indicarán tan poca lluvia como para confirmar que estamos a la misma latitud del desierto del Sahara, etcétera.

Así, mientras nos asamos lentamente en nuestros propios jugos, pagamos elevadas facturas de consumo eléctrico por el uso abusivo de acondicionadores de aire o enjambres de ventiladores, debemos aún asistir a los debates entre lumbreras científicas que acusan al hombre o al movimiento de los astros de ser los culpables del calentamiento global.

Unos dirán que el calentamiento es lo que sigue a las glaciaciones y que continuará hasta que la Tierra llegue a otro período de enfriamiento, otros que desde la Revolución Industrial en Inglaterra el desmesurado consumo de energía fósil ha ido desequilibrando la naturaleza y si no adoptamos medidas urgentes desaparecerán islas y ciudades costeras, escaseará el agua potable, veremos el infierno antes de morir y ser castigados por nuestras faltas.

Entre una y otra teoría se interpondrá la política, como en La Florida donde un alcalde prohibió a todos sus funcionarios mencionar el cambio climático so pena de ser cesanteado mientras un ex candidato a Presidente aparece conduciendo un documental que aporta pruebas sobre la realidad innegable: el clima está cambiando.

Los que no somos eruditos seguiremos apostando a defender la tesis que induce nuestros sentidos, cada vez hay más calor y queda comprobado porque mueren cientos en Pakistán o la India, declaran alerta naranja en Madrid e indican a sus pobladores salir a la calle lo menos posible y hacerlo con un litro de agua bajo el brazo, no llueve lo suficiente y las presas se llenan de arbustos, y seguiremos diciendo: ¡Qué calor!

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