Alcoholímetro: corrupción al por mayor

CANCÚN.— El programa del Alcoholímetro, que inició su operación en la pasada administración, se convirtió en poco tiempo en un enorme entramado de corrupción en el que están incluidas corporaciones municipales, pseudoabogados, “coyotes” y todo tipo de personajes que hacen negocio al amparo de la impunidad.

Alcoholimetro 3Quien tiene la desgracia de caer en el “Torito” se enfrenta a la necesidad de pagar por todo tipo de “servicios”, sobre todo para obtener la firma que acredite el cumplimiento de las 36 horas de detención para salir en libertad, lo cual no es fácil tomando en cuenta que quien debería firmar, el director del “Torito”, nunca se encuentra, por lo que hay que pagar para obtenerla con los subalternos.

A partir de ahí empieza todo un calvario.

Luego hay que ir a Tránsito a pagar la “mochada” si no se ha cubierto la tenencia o el engomado; además, si el auto se sacó a crédito se debe tener al día la mensualidad, de lo contrario eso es otro obstáculo.
A continuación se debe pagar el arrastre de la grúa, lo cual representa otro oneroso gasto.

Pero en este negocio participan también pseudoperiodistas, que ofrecen no publicar la foto en estado incómodo, lo cual es la primera oferta de estos personajes, pues luego si se quiere salir de las celdas en menos de lo que canta un gallo ofrecen un “amparo”, Todo trámite falso, sellos falsos, pero efectivo, y todo en contubernio con el director, quien ha dado la orden expresa de aceptar estos “amparos” para que el ciudadano salga libre ipso facto.

Pero aquí inicia otro suplicio: Sacar el vehículo del corralón. Ahí piden la famosa firma y esa también cuesta, pues si la salida fue por “amparo” no se puede acreditar que se cumplió con las 36 horas de arresto.
Ha habido quejas por todo este tipo de prácticas desde hace mucho tiempo, pero tanto el presidente municipal como el comisionado de seguridad y el director de Transito se hacen los mudos y sordos, tal vez porque no es problema de ellos y menos su dinero, pero todo esto refleja la enorme corrupción que impera en las dependencias municipales y en un programa que debería servir para coadyuvar a corregir el consumo de alcohol de los conductores.

Y las denuncias que en primera instancia interponen los afectados no les dan seguimiento, por tratarse de trámites tardados, costosos, pero sobre todo por la corrupción imperante.

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