CONFESIONES

Por Guillermo Vázquez Handall

La enfermedad de Carlos Joaquín es de obsesión

El día de ayer diversos medios de comunicación reportaron, que el Subsecretario de Turismo del gobierno federal, Carlos Joaquín González, había sufrido un desmayo durante una cena en un restaurante de la Ciudad de México.

La información daba cuenta que los hechos acontecieron en el restaurante Cipiriani de la zona de Polanco, específicamente que Carlos Joaquín se desmayo por un espacio aproximado de veinte minutos.

Posteriormente que una ambulancia de la Cruz Roja, lo traslado al hospital ABC de Santa Fe, donde fue atendido y paso la noche, sin embargo el funcionario federal a través de sus redes sociales negó dicha información.

Carlos Joaquín dijo que solamente sufrió una intoxicación por ingerir mariscos en mal estado, y que no paso la noche en el hospital, que se encuentra en perfecto estado de salud.

Con base en los reportes noticiosos, se inicio una investigación al respecto que los confirma y adicionalmente aporta datos que no dejan duda, de que en efecto las cosas sucedieron de acuerdo a la versión original.
En comunicación directa con personal del restaurante y otros comensales que coincidieron en el momento, hay absoluta certeza de que Carlos Joaquín si se desvaneció.

También que paso la noche en el hospital ABC de Santa Fe en la habitación numero 277, como lo confirma contundentemente un audio del portal PoliticaMX, en el cual una reportera de dicho medio, mediante una llamada telefónica a la clínica solicita ser comunicada a la habitación donde estaba internado el Subsecretario.

El registro del ingreso al hospital es una prueba irrefutable, sin omitir los testimonios del personal del restaurante y de varias personas que se encontraban en el lugar.

La parte íntima de la vida personal de los funcionarios públicos, en principio no debe ser un elemento que se relacione con su actividad oficial, a menos que en ese aspecto sucedan circunstancias que influyan en su desempeño.

En este caso, una coyuntura de salud es y se entiende como parte del ámbito privado, sin embargo independientemente de la magnitud del efecto de una enfermedad, no hay necesidad ni justificación para negar los hechos y tergiversarlos.

Porque esto infiere manipulación de la información, lo que habla de un comportamiento desatinado, que deja ver una obsesión por mantener una línea de conducta basada en la simulación.

En el manejo de la situación, en el lenguaje que utiliza se denota una suerte de victimización, pretendiendo que la nota informativa quisiera dañarlo, cuando por las características del propio hecho, eso no tiene sentido.

Su condición de salud, no puede ser un argumento que se considere como parte de una estrategia política de competencia o rivalidad, aunque Carlos Joaquín si lo quiera hacer parecer.

De hecho en su intento de aclaración, de manera retadora en su cuenta de Twitter de manera textual señala “Por desgracia para algunos y beneplácito de otros, hoy desayune con mis amigos y estoy trabajando”
La frase infiere un sentimiento de rencor, que independientemente de la falta de oficio político y sensibilidad que deja de manifiesto, expone un perfil agresivo, un talante arrogante.

Porque no hay explicación sensata en la negación, el acontecimiento como tal no lo justifica, se trata simplemente de una circunstancia que puede sucederle a cualquiera, que no debería relacionarse ni con su trabajo o aspiraciones políticas.

Pero en el delirio de persecución, mas allá de la gravedad de su estado, se impone un clara intención de ruptura, en la que la verdad solo puede ser la que la cerrazón de Carlos Joaquín establece, por encima de quien sea.

No solo hay espacio para la critica, incluso hasta en un tema secundario se expresa una ofuscación en contra de todo aquello, que aun siendo cierto, según el le pueda ser perjudicial.

Esta es una actitud recurrente, es parte de una característica personal, que evidencia un criterio estrecho, una postura beligerante y dogmática, que no corresponde a un funcionario con el nivel de responsabilidad que ostenta.

Nada gana Carlos Joaquín con negar un hecho plenamente confirmado, pero mucho menos asumir que la información es dolosa, cuando lo conducente por lógica es aceptar la situación.

Si su condición de salud esta afectada, mas allá del nivel de la misma, eso es un tema que solo le atañe a el, a su ámbito privado y personal, pretender que no pueda sufrir una dolencia, nada tiene que ver con su actividad publica, salvo que eso fuera un impedimento mayor.

Precisamente por ello, su reacción es la que hace que el asunto cobre una dimensión que no tendría que tener, a menos claro que sea el mismo, quien deliberadamente este tratando de aprovechar el hecho para obtener algún beneficio.

A nadie se le puede recriminar una enfermedad, pero si en cambio reprochar ocultar, negar y manipular información plenamente confirmada, peor aun establecer que la misma está destinada a dañarlo.

Sufrir presión, stress y males cardiacos, no justifican la arrogancia, una soberbia que infiere una conducta obsesiva, que desnuda una perturbación emocional evidente, porque en este caso, lo que queda de manifiesto es que su principal problema de salud, es mental más que físico.

Twitter: @vazquezhandall
vazquezhandall@gmail.com

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