¡AY, LAS DIETAS!

Por El Borrego Peludo

Mientras millones de personas tratan de no morir de hambre por pertenecer al grupo poblacional conocido como el de “por debajo del límite de pobreza”, otros millones de clase media o pudiente luchan contra la gordura.

Quienes ingieren más kilocalorías que las demandadas por su organismo acuden entonces al gimnasio para quemar las grasas sobrantes y comienzan una batalla que puede prolongarse hasta que la edad, con sus enfermedades y dolencias, hace desaparecer milagrosamente la tendencia a la gordura, claro está excepto aquellos obesos que en muchos casos no logran llegar a la ancianidad.

Caso más grave el de los jóvenes tratando de convertirse en copias de los estereotipos impuestos donde las chicas carecen de grasa y muestran sus huesos como joyas, y los chicos pretenden adquirir musculatura perfectamente distribuida sin asomo de grasa.

No es que moleste a los demás que las personas pretendan ser esbeltas, ágiles, saludables, y por qué no, bellas. Se trata de que entonces el objetivo se transforme en pesada cadena capaz de arruinar sus propias vidas, y de paso, de quienes les rodean.

Es en medio de todo esto que aparecen las fabulosas dietas, los alimentos nutritivos pero que no engordan, las semillas milagrosas, lo natural contra lo artificial, etc.

Tampoco debe molestarnos que quieran alimentarse sanamente y en armonía con la naturaleza, pero lo de las dietas ya ha sobrepasado lo humanamente aceptable. Las hay de todo tipo y origen, hasta basadas en los movimientos de los astros, hay tantas que en cierta oportunidad una cadena televisiva hizo un programa donde un conjunto de nutriólogos, médicos, y especialistas de muy poco conocidas ramas de ¿la ciencia? trataron de defender diferentes puntos de vista que iban desde el vegetarianismo más radical hasta los cantos de sirena de sistemas que permiten comer mucho y de todo sin engordar.

Entre los entrevistados había un joven doctor que nerviosamente observaba a sus colegas y que al corresponderle hablar simplemente dijo: ¿Alguno de ustedes conoció de algún gordo, o de algún caso de colesterol o triglicéridos altos en un campo de concentración nazi?

Todos le miraron casi con temor, la entrevistadora trató de pasar la palabra a otro sesudo, pero el joven doctor insistió: “El ejemplo es crudo y dramático, pero real; se trata sólo de ingerir lo necesario, con la mayor calidad posible, y gastar toda la energía sobrante ¡TRABAJANDO!”

Por suerte el programa estaba por terminar, y terminó, dejando como mensaje final el del joven doctor.

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