EUROPA: LA RAZÓN DE LA SIN RAZÓN

Por El Borrego Peludo

La vieja Europa vivió durante siglos con mayor atraso que regiones musulmanas e incluso que reinos africanos. De la oscuridad le sacó el renacimiento que buscó lo mejor de sus orígenes y se apropio de lo novedoso de otras culturas. Sin embargo algunos siglos más faltaban entonces para que cesaran las guerras entre naciones, entre casas reales, o contra minorías nacionales, hasta llegar a una Europa próspera y unida, al menos hasta donde mezquinos intereses permitían la tan ansiada unidad con paz.

Los nacionalismos, de izquierda o de derecha, fueron cediendo terreno a una socialdemocracia que prometía para todos un estado de bienestar, donde salud, educación, vivienda y alimentación eran derechos inalienables de todos. Europa comenzó entonces a envejecer y se hizo receptora de inmigrantes deslumbrados por las bondades de una sociedad donde la subsistencia no era un martirio y cada cual podía creer o no en lo que quisiera y hasta decir en voz alta sus pensamientos.

Hubo entonces naciones que ofrecieron más que lo que producían, sin contar con la ventaja que sí tienen los EEUU de endeudarse sin necesidad de pagar e imprimir dólares sin respaldo alguno, y se convirtieron en las ovejas negras de la flamante congregación. De inmediato se les catalogó como los estados sureños que siendo menos productivos lastraban el avance de la Unión.

La centroderecha y los socialistas arrepentidos desbancaron a los socialdemócratas, las ideas de Ronald y Margaret, adalides en la lucha contra el comunismo y vencedores finalmente en esa contienda, se impusieron y Europa comenzó a ser otra Europa. Quienes habían resultado poco productivos y dilapidadores se encontraron tan endeudados, como décadas atrás lo había sido Latinoamérica. Los nuevos tiempos y la necesidad de vencer una crisis cíclica y anunciada demandaban cordura y austeridad.

Con una izquierda menguada, anacrónica a veces, devenida en oposición incoherente, fue fácil imponer las órdenes que desde Berlín suelen llegar a toda Europa a través de organismos internacionales más preocupados por los intereses del 1% de los europeos que por la estabilidad social del viejo continente. Era muy sencillo, o los descarriados entraban por el carril o sufrirían una descarnada segregación ruinosa para sus pueblos. Como era de esperar aparecieron nuevas izquierdas, jóvenes dispuestos a impedir retrocesos sociales cuyo costo pondría en la miseria a millones de conciudadanos. Se iniciaba una nueva era de luchas no descritas ni previstas por ninguno de los filósofos o economistas de moda.

Hoy la batalla está convocada. Los métodos de lucha pueden parecer poco ortodoxos o inusuales, los movimientos inesperados a veces, pero en mi opinión en esos jóvenes hay que confiar, si no ¿en quién podríamos?

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