CARTA A UN AMIGO MEXICANO

Por El Borrego Peludo

Amigo K
Eres mexicano de pura cepa, católico por convicción y panista por nacimiento. Que tus ideas políticas sean de la llamada derecha no te ha impedido vivir identificado con quienes han padecido la maldición de vivir tan lejos de Dios como cerca de los EEUU, sé que sufres por los pobres, los migrantes, los que como dijo el Papa Francisco, los ponen a una orilla para que no sean vistos.

Yo, como bien sabes, creo ser ateo y alineado más bien a las izquierdas por muy movedizas y cambiantes que sean, pero he tenido la suerte de disfrutar de algo que seguramente te hubiese hecho muy feliz, la visita del Santo Padre a Cuba.

Ver a La Habana y otras ciudades muy limpias y adornadas para recibir al visitante fue una de las primeras gratas impresiones, más conversar con diferentes personas y comprender cuanto esperaban de lo que estaba por suceder darían material para muchas cartas.

Lo cierto es que personalmente calculo en mucho más de dos millones de personas las que participaron de las misas multitudinarias, recibimientos y despedidas en las grandes ciudades, y de las muchas otras actividades que Francisco desarrolló en menos de 70 horas de estancia en la isla. Realmente si no fuera por su permanente sonrisa, buen ánimo y todo el vigor posible en un hombre de su edad, uno pudiera pensar que el Sumo Pontífice estuviera al borde del colapso que tan apretada agenda pudiera provocar en cualquier humano.

Francisco demostró ser, lo que sin dudas es, un hombre de fe, pero no de la que se muestra brindando limosnas, sino de la que emana de un corazón puro y honesto; pero es más, es un hábil político, si entendemos esto como ser servidor social, capaz de orientar, estimular, convencer y agrupar.

Su modestia queda sellada en cada intervención pública cuando al concluir pide a sus interlocutores que recen por él, y si no están en capacidad de rezar que al menos le deseen cosas buenas, no como persona sino para tener fuerza y capacidad de llevar adelante su dura tarea.

Se reunió con jóvenes, monjas y sacerdotes simples, obispos y altos dirigentes estatales. Visitó la Basílica Menor de la Virgen de la Caridad del Cobre como un simple peregrino, y como tal cenó y pernoctó donde ellos suelen hacerlo.

Utilizó un pequeño auto blanco casi sin techo desde donde todos podían verle y él ver a todos. Su modesta vestimenta sólo cambió cuando ofició misa utilizando entonces vestidos verdes o rojos según la ocasión. Detuvo su marcha varias oportunidades para besar niños o alentar a lisiados.

Muchos rieron cuando en medio de una ceremonia pidió a todas las embarazadas se tocaran la “panza”, y entonces bendijo a los cubanos por nacer.

Llamó a la unidad de los cubanos, a superar los “ismos” encontrando lo común que une y limando las asperezas de lo que les separa, pero sobre todo pidió a la curia y a los creyentes que fuesen servidores de los demás y no servidos por estos. El ejemplo que puso no pudo ser mejor, una muy joven monja que labora en un centro estatal de salud donde residen pacientes parapléjicos que van desde los 14 años de edad hasta bien ancianos algunos, ella confesó hubiese preferido otro destino, pero al llegar allí comprendió que estaba en el lugar donde más útil pudiera ser y es feliz.

Cuba en 17 años ha recibido a tres Papas, los anteriores dejaron huella, pero no tengo dudas que en la isla muchos sienten que tras la visita de Francisco viven en un aún mejor país y ellos son aún mejores personas.

Todavía circulan autos y bicicletas adornados con banderas cubanas y vaticanas. La mayoría de las personas no han retirado los carteles de bienvenida ubicados en diferentes lugares. Aquí no cesan de comparar su visita con la que ahora realiza a EEUU, es como si quisieran que ninguna otra pudiese superar a la que hizo a Cuba.

He comentado con varias personas mis impresiones sobre la visita papal. Un amigo común nuestro, ibérico como el jamón serrano, agnóstico según confiesa, me ha “acusado”, al escucharlos o leerlos, de haberme pasado a las filas de los católicos, de haber abandonado mis ideas de izquierda.

Tal vez pueda haber dado esa impresión y no me ofende, porque ahora vivo convencido que nada se parece más al más puro ideal socialista que lo que Francisco ha predicado. Cuando la palabra adecuada y oportuna viene de Karl Marx o de un Obispo de Roma fiel a las ideas de Cristo, no hay otra posibilidad que no sea convenir con ella, abrazarla, y disponernos a unir fuerzas por un mundo mejor.

Querido amigo. Perdona si al resumirte estas ideas te provoco algo de envidia, si es sana te servirá para esforzarte y avanzar, pero no quería dejar de compartir contigo todo lo dicho. Tal vez nada de esto haya sido nuevo para ti, un tan buen observador, pero pienso vale la pena lo veas también a través de mi prisma.

Recibe un abrazo solidario y fraternal.

Un comentario en “CARTA A UN AMIGO MEXICANO”

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