LAS NOTICIAS

Por El Borrego Peludo

Entrar a las redes sociales, consultar la prensa digital o escrita, recibir titulares y resúmenes, se ha convertido en causa de angustia con pocos visos de alegría esporádicos y volátiles.

Hoy, o cualquier otro día, nos enfrentaremos a videos que muestran bombardeos dirigidos satelitalmente y con el uso de armas “inteligentes”. Los portadores podrán ser aviones franceses, norteamericanos o rusos, los blancos supuestamente los mismos, los daños colaterales tan variables que pueden tratarse de recién casados o de médicos voluntarios y altruistas.

Las elecciones aquí o allá siguen patrones similares, vota la mitad de los electores, aún cuando sea obligatorio el voto, un alto porcentaje lo deposita en blanco, y algo más de un tercio de los ciudadanos que acudieron a las urnas deciden los ganadores; pero los triunfadores pueden haber recibido un tercio de los votos válidos, por lo tanto la pírrica victoria ronda algo más de un doce por ciento de los electores. Los elegidos pueden ser de izquierda, del centro o de la derecha, por suerte pocas veces de los extremos a uno u otro lado, pero sus propuestas pueden ser tan parecidas como para pensar que las derechas usan discursos populistas y las izquierdas ceden en sus principios. Excepciones hay, pero desencantos también.

De pronto leemos sobre un deslave y vemos cientos de cadáveres cubiertos por el lodo, o un terremoto seguido de tsunami. Casi sin darnos cuenta pasamos rápido a otro tema porque no queremos dejarnos dominar por los sentimientos que tales hechos originan.

El escándalo provocado por la corrupción de algunos que en su momento fueron elegidos para algo, o de alguna manera alcanzaron importantes posiciones, aparece entonces. Cuánto se podría hacer con lo robado y hasta calculamos si algo de ello nos hubiese podido beneficiar personalmente. Que nos indignamos, claro que sí, pero hay que pasar la página.

Nos sorprende que un Jefe de Estado ande por el mundo pidiendo ayuda para controlar el cambio climático, quiere ayuda para que su isla no desaparezca. Muchos lo apoyan, pero no faltan “científicos” asegurando que el calentamiento es inevitable y no queda otro remedio que esperar a la próxima glaciación.

De pronto nos enfrentamos a una turba que viola una chica, o a un grupo de machos ciento por ciento que golpean un gay hasta la muerte, o a un loco armado como para la guerra que dispara sobre estudiantes y profesores, o a un policía dispuesto a reducir por la fuerza a un civil desarmado porque su aspecto resulta sospechoso. Tantas bestialidades que nos obligan a buscar las deportivas o las culturales para tratar de no indigestarnos con puras desgracias.

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