ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Las opciones de desarrollo están canceladas para muchos de los mexicanos, al contrario del refrán que reza: “Dios aprieta pero no ahorca” el régimen sí apergolla y asfixia.
Los servicios de seguridad social van de mal en peor, las intenciones privatizadoras del sector salud no tienen opositores.

La izquierda por definición debería ser la oposición a las políticas conservadoras o retrógradas del régimen, pero sumidos en la desesperanza provocada por el entreguismo a los placeres de las migajas del poder que han logrado obtener prefieren ceder a los intereses de los verdaderamente poderosos antes que encabezar las causas sociales, prefirieron unos cuantos pesos al progreso nacional.

Los programas sociales de nada sirven para avanzar, llevamos un siglo de política asistencial y el número de pobres antes de decrecer va en aumento.

Mientras que a los de más bajo ingreso económico le está vedado acceder a una alimentación medianamente sana, se les ha condenado a comer “Pato al orange” es decir un “Gansito Marinela” y un refresco de naranja.

Por esa razón es que el impuesto a los refrescos afecta a los más pobres, a los excluidos de poder adquirir un trozo de carne, huevos, pescado o cualquier proteína animal.

Hay que estar en contacto con los sectores más necesitados para entender la problemática que enfrentan, la migración de grandes masas de población del campo a las ciudades sigue sin poder frenarse desde la época porfiriana, con todo y aquellos que hoy pretendan elevar a santo la general oaxaqueño.

Los juegos del hambre son práctica común en este mundo, en donde el dinero y sus dueños juegan a placer con los ciudadanos, cada día es un constante luchar “corretear la chuleta” es el término más común para describir al que sale en busca del pan de cada día.

Por eso indigna la falta de sensibilidad de los gobernantes y sobre todo los presidentes municipales que en teoría son los que deberían estar más cerca del pueblo y en los hechos su poder tan pequeño hace que su soberbia crezca un ejemplo claro es el de Paul Carrillo en el municipio de Benito Juárez.

Una administración que ha transcurrido con más pena que gloria, cuando los dineros públicos no se ven reflejados en mejoras de la población.

Quieren pasar como si fueran los grandes políticos, cuando el puesto que ocupan se lo deben al poder del que está por encima de ellos.

Por eso sus carencias de compromiso social el origen de su poder no dimana del pueblo, como debería de ser, lo malo es que sólo las clases medias, que son participes de esos juegos del hambre en otro nivel, pueden cambiar las cosas, pero intrínsecamente saben que no quieren ser pobres y sienten que sus prerrogativas pueden perderse sí la riqueza se reparte entre un grupo más amplio de ciudadanos.

Así que en este año solo veremos pasar la danza de los millones enfrente de nosotros y que engordarán la cuenta de Paul Carrillo de Cáceres.
Hasta mañana.

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