ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Existe tanta literatura sobre la violencia hacia la mujer que la única explicación que se me ocurre para que se siga reproduciendo es que hace falta publicidad.
Si se invirtiera el mismo tiempo publicitario que se utiliza para una campaña política en el combate de la violencia otro gallo nos cantaría.

También hay bastantes definiciones de violencia, según la rama teórica que se utilice como marco de referencia, la psicopatológica, biológica, aprendizaje dentro del marco social, de género y hasta ecológica.

(Tomado de “La sexualidad en el hombre violento”, Esquivel M, Valiente)

“El hombre violento se maneja en forma general a través de actitudes de manipulación y control. Bajo de toda esa fuerza hay un ser frágil, que se vive a sí mismo como desvalido y fracasado y así experimenta cualquier desafío que viene de su pareja como un aniquilamiento personal. Su aspiración es llegar a controlarla totalmente, incluso lo que ella siente y piensa. Es cosificada, sin posibilidad de autonomía y se paraliza con sólo pensar que es lo que puede llegar a provocar la ira del violento.

Toda diferencia en la vida en pareja es vivenciada por el hombre violento como una amenaza real y usa la violencia para establecer el equilibrio, que según sus creencias y mitos, le hacen perder el poder”.

Tan sólo con este pequeño fragmento se podría hacer tantos programas de radio, televisión, spots y toda una gama para que la mujer identifique al hombre violento y no caiga en sus garras ya que después es fácil entrar en lo que se conoce “el Síndrome de Estocolmo”, la dependencia hacia su opresor y la única forma de sentirse viva.

Hay sectores que necesitan con más frecuencia y en mayor volumen la información y no quedarse en eso, sino en la educación que provoque el cambio cultural, que debe empezar por el reconocimiento inmediato del violento y su rechazo.

Otro aspecto corresponde a las mujeres que ya están bajo el yugo de un violento, hay que generar organismos públicos y privados, que desde el anonimato se pueda denunciar y vigilar a los que ya son violentos en estos momentos.

Mantener una vigilancia especial y permanente entre las mujeres que ya han caído en este problema.

Con esto espero que quede claro que no sólo es cuestión de la publicitación de las características del hombre violento, sino de todo un proceso para erradicar lo que ya está podrido y evitar que se reproduzca en las próximas generaciones.

Espero que estas sencillas líneas apoyadas en esos autores preocupados por la violencia de género, contribuyan con su granito de arena para que los que toman decisiones tomen iniciativas para la solución de lo que cotidianamente sufren el 75 por ciento de las mujeres, conocida como violencia doméstica como lo señala Gelles & Straus.

Al menos la denuncia podría generar un padrón de presuntos violadores y la zona de influencia y como sería anónimo no causaría ninguna violación a los derechos humanos.

Es momento de que en México las tecnologías empiecen a producir efectos en las conductas criminales, que las dependencias puedan cruzar información sobre ciertos documentos que obran en diferentes dependencias, por decir algo demostrativo, tener un padrón de huellas dactilares, proporcionado por el Instituto Nacional Electoral y así poder recurrir a la práctica forense de identificación dactilar en varias conductas criminales que hoy se dejan sin atender.
Hasta mañana.

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