ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Buen año 2016 para todos los amables lectores y sus familias.
¡Ya estamos de regreso! Después de unas prolongadas vacaciones por motivo de las fiestas decembrinas.


Desde hace algún tiempo se quedó en el tintero las actitudes que han tomado casi la totalidad de personas dedicadas a prestar un servicio.
Pareciese ser que desde los mostradores, las calles o detrás del escritorio (sobre todo) están en busca de usuarios que se enojen y sean grabados para ser exhibidos en medios de comunicación y sobre todo en las redes sociales.
En un lugar tan delicado, como los es Cancún, en particular, y Quintana Roo en general, en el que el servicio a los visitantes debe ser el más correcto me tocó ver la forma en que fue tratado un usuario de la empresa ya muy famosa por los escándalos: la línea aérea “Vivaaerobus”.
Resulta que con tal de vender llega uno a los mostradores de salida y los “servidores” le ofrecen el apartar un asiento con el costo de 110 pesos, si uno no sabe desde luego que acepta.
El problema es que una vez “comprado” el asiento lo tiene que pagar con tarjeta.
El visitante al que me refiero no tenía tarjeta de débito ni de crédito y sí contaba con el dinero en efectivo, pero los susodichos empleados no le aceptaban el dinero.
Entonces se acercó a un servidor para saber si tenía tarjeta de crédito o débito, le contesté que sí, pero que carecía de fondos en ese momento y que no se preocupara que mi cuñada o mi hermano que viajaban en el mismo vuelo lo ayudarían una vez que terminaran de documentar su equipaje.
Y así fue, se pagó la cantidad de 110 pesos con la tarjeta de débito de mi cuñada, eso sí advirtiéndole a la servidora de la aerolínea que si era el costo único y que lo mostrara, lo que sí hizo y ya pudo viajar el joven con acento sudamericano.
Ya arreglado el “problema” solo voltee y miré a todos los que estaban atrás del mostrados y les dije. “No se vale, algunas veces estamos acá y otras donde están ustedes” y me retiré.
Y así he recorrido muchas oficinas por distintos motivos y visto muchas quejas de usuarios en las redes sociales y los comprendo, creo que es el momento de poner un alto a esas prácticas, ya que, como lo señalé, el destino es muy sensible y el lograr el distintivo de ser un lugar con un servicio excelente puede desmoronarse por esas actitudes.
Lo que se llevó años en construir, ahora lo están tirando por la borda en un lapso muy corto de tiempo, este es un aviso y la propuesta para que pongamos manos a la obra para mantener y elevar la calidad en el trato personal, es decir: En el ¡Servicio! O el vicio de servir.
Hasta mañana.

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