PUERTO MORELOS: AYER Y HOY

Por Juan Castro Palacios

En 1980 visité por primera vez Puerto Morelos, era un pequeño poblado de pescadores con un internado de jóvenes adolescentes, a la orilla del mar, muy cerca del parque, la iglesia y el faro inclinado. La Escuela Secundaria Técnica Pesquera número 7 se convirtió en un polvorín, los estudiantes suspendieron las clases y protestaron exigiendo mejor calidad en la comida, mejoría en los dormitorios y en general mayores recursos para realizar sus prácticas y entrenamiento en un pequeño barco que pretendió ser en esa época – sin lograrlo- un avance tecnológico: el ferrocemento.

ArenaLa cerrazón del gobierno y en particular de las autoridades educativas llegó al extremo de expulsar a los quince integrantes de la Sociedad de Alumnos de la Técnica Pesquera, pero los muchachos, en su mayoría hijos de campesinos y pescadores de la zona, resistieron con coraje y vehemencia. Los estudiantes de Cancún hicimos frente común con ellos y tras varias semanas de protesta, finalmente fueron reinstalados y cumplidas sus exigencias.

Han pasado más de treinta y cinco años; el barquito pesquero se hundió en el olvido, los jóvenes se convirtieron en padres de familia, la escuela estuvo a punto de ser reubicada o cerrada definitivamente el año pasado; pero el poblado prosperó, le salieron brazos y ramificaciones que llegaron hasta el otro lado de la carretera y muy pronto un maremoto humano venido de todas partes le dio una nueva fisonomía al lugar.

Finalmente, el 6 de enero de este año, la historia del Puerto que en 1967 fue azotado por un feroz huracán – el Beulah- comenzó a vivir su propia gobernabilidad institucional, ahora como municipio libre. Pero el camino será largo y complicado. Los anhelos de la plena autosuficiencia gubernativa se enredarán un tanto en las tupidas raíces del mangle burocrático y político.

Puerto Morelos nació como municipio en medio de otro polvorín político, como el de 1980. Los reclamos y el resabio por una pretendida reivindicación territorial serán durante años, punta de lanza para acicatear revanchismos nunca superados. Pero, los puertomorelenses deben entender que el onceavo municipio resulta ser como un recién nacido al que primero debe enseñársele a caminar, sin que ello implique sobreprotección, dominancia o un velado apoderamiento político de quienes ejercen un poder superior.

El equilibrio y mesura en la distribución de los cargos públicos debe ser una cuestión toral. El nombramiento de Manuel García Salas, con amplio arraigo en el lugar, como secretario de la comuna y el de Edgar May, como tesorero, un joven avecindado en Cancún y con una amplia trayectoria en el ámbito de las finanzas públicas del Estado, representan un buen binomio en los dos cargos burocráticos más representativos del nuevo municipio, después del que ocupa Leonel Medina Mendoza, Presidente del Concejo.

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