SERENIDAD Y PACIENCIA

Por Juan Castro Palacios

El pasado lunes el reconocido periodista capitalino José Ureña, escribió en su prestigiada columna “Semáforo Rojo” que “los momios para Quintana Roo favorecen con 22 puntos al diputado federal José Luis Toledo, Chanito, a quien siguen con 13 el alcalde de Playa del Carmen, Mauricio Góngora y Joaquín González”, según datos de una reciente encuesta levantada por Buendía & Laredo, la cual – según sus propias palabras- “se encuentra bajo consulta priísta” para la definición del candidato tricolor en nuestra entidad federativa. La nota discordante: la renuencia del ex subsecretario de turismo federal para firmar la Carta de Unidad del Partido Revolucionario Institucional…

La encuesta citada arroja también los siguientes números: 33 por ciento de intención del voto al PRI, 10 por ciento a Acción Nacional (PAN) y Morena, 9 por ciento al Partido Verde Ecologista de México (PVEM), 7 por ciento al Partido de la Revolución Democrática.
“El incordio del ex alto funcionario federal molesta a la cúpula del poder porque ya es visto como una amenaza rayana en el chantaje y por lo tanto necesitada de una respuesta fuerte” – remata José Ureña. (Rebelión en el PRI: Carlos Joaquín no Firma”, Semáforo Rojo, portal “24 Horas”).

El reconocido comunicador capitalino, también conocido como “Pepe Ureña” en sus distintos programas de la televisión mexicana en los que ha colaborado, reflexiona que “Chanito está muy encima del ex subsecretario (los números de las diferentes encuestadoras consultadas por el PRI nacional así lo demuestran) y enfrente (sic) los prospectos de la oposición no parecen tener opción”. Concluye que el PRI tiene todo para ganar holgadamente en las próximas elecciones locales de julio de 2016.

En ese sentido los siete aspirantes a la gubernatura de Quintana Roo deben entender que el llamado a la Unidad partidista debe ser un imperativo toral, sustentado en la lealtad, la disciplina y la obediencia histórica que le ha dado vida y permanencia a un instituto político forjado en la tradición de la institucionalidad, algo que los demás partidos no tienen y que se refleja patéticamente en los avatares de su propia pervivencia.

Si bien es cierto los números de las encuestas no son definitivos, sí son significativos y deberán influir en la decisión definitoria, pues como dijo recientemente Manlio Favio Beltrones, “la política no se decide con el corazón, sino con el cerebro”.

La política partidista exige madurez, entendimiento y aceptación de sus resultados, cualquiera que estos sean. La desesperación lleva al desequilibrio y éste al precipicio. Nunca estará de más el sano y sabio consejo del mítico Kalimán: “Serenidad y Paciencia, mi pequeño Solín”.

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