LOS CABALLEROS NO TIENEN MEMORIA

Por El Borrego Peludo

Tengo un grande y buen amigo natural del país vasco, mexicano por acogida y cubano por afición que con cierta frecuencia repite: “los caballeros no tienen memoria”.

Sin dudas la afirmación tiene connotación amorosa o sexual y hace referencia al hecho de que para un hidalgo lo ocurrido en una alcoba queda sólo para el recuerdo de los participantes. Nadie más tiene derecho a conocer de lo allí ocurrido y mucho menos a juzgar a los participantes por lo que pueda o no pueda haber acaecido.

Lamentablemente la época de los gentilhombres parece haber llegado a su fin. Con cuanta frecuencia oímos a jóvenes y no tan jóvenes hacer alarde de sus aventuras y llegar incluso a detallar cosas tan íntimas y personales que nunca debían llegar a otros oídos.

Lo más trágico es que a veces son las propias “damas” las que narran a amigas y amigos sus aventuras, comparan resistencia y medidas de sus varias parejas como quien compara cualidades de toros de lidia o caballos de faena.

Mi amigo ha tenido una vida sexual activa. Hemos compartido preocupaciones y aspiraciones, tragos en una barra, horas de espera buscando a veces una conversación interesante que permita acortar el tiempo, pero nunca, en ninguno de los casos, ha narrado, como tampoco yo, sus experiencias particulares en esa materia. Es que realmente “los caballeros no deben tener memoria para esos asuntos”.

Tal vez la liberación de la mujer, la progresiva igualdad entre géneros, la apertura hacia una sexualidad diversa, han promovido cambios también en ese orden de cosas, pero para muchos continúa siendo repulsivo poner a la orden del día de una guarnición, un centro laboral, o los asistentes a una taberna, lo que obviamente resulta tan personal.

La mujer podrá compararse al hombre en cuanto a eficiencia laboral, coeficiente intelectual, dedicación a las tareas, pero los hombres nunca podremos igualarnos a ellas puesto que nunca podremos parir ni amamantar. Es que la mujer garantiza la supervivencia de la especie, y lo hace bien, puesto que los humanos cada vez tenemos mayor talla, acortamos más la distancia entre lo conocido y por conocer, y avanzamos más en las artes y letras. De manera que si puede hablarse de un género privilegiado en comparación con el otro es indiscutiblemente el femenino.

Los tiempos de pálidas damas acudiendo al desmayo para atraer a un caballero nunca regresarán, como nunca regresarán aquellos en que cada macho tenía derecho a un harem de mujeres obligadas a relacionarse sólo con eunucos.

Pero ¿estaremos obligados a renunciar a compararlas con una flor, una melodía o una puesta de sol? Sería trágico que así sucediera.

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