ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

El arte de tener criterio se confecciona con la edad.
La función de escribir o publicar algo, lo que sea, debe tener como antecedente una pregunta en este destino turístico ¿Lo que voy a decir hace daño al pueblo quintanarroense?
Después de valorar entre el bien o el mal que pueden ocasionar tus palabras ya estás libre de todo remordimiento, aunque la libertad de publicar lo que se te dé la gana la tengas al 100 por ciento.

No son pocos los casos en los que ciertos personajes han buscado obtener unos cuantos minutos de fama y han producido graves problemas a la actividad turística y sí pudiera valorarlo en monedas, la cantidad estaría muy cerca de lo que por concepto de la corrupción ha ido a parar a los bolsillos de un puñado de políticos.

En el último evento, el del tan traído y llevado Malecón Tajamar, los costos pudieron elevarse si los ambientalistas internacionales se hubiesen ido con la politización del asunto.

No fue así, no pasó de ser una bandera deslucida para ciertos grupos de activistas, hoy anuncian una suspensión “definitiva” por medio de un amparo, así a media tinta, y pocos se han atrevido a decir que no es ni remotamente definitiva, que en estos caso quedan pendientes recursos que pudieran hacer caer los argumentos de los ambientalistas.

Esas trampas, muy parecidas a las que utilizan los políticos, sobre todo de oposición, ya no funcionan en una sociedad que entiende que la necesidad de inversión y trabajo es primordial, aunque sea solamente para subsistir.

Lo preocupante es que en la economía estatal y al ser una entidad en la que cada vez el flujo migratorio, aunado a los nacimientos, va engrosando el número de la población, las actividades económicas se ven afectadas por un detrimento en el consumo.

Los trabajadores deberían ser los que impulsen la lucha por mejores condiciones salariales, pero ya con la carga diaria de trabajo es más que suficiente, es en el renglón de los representantes sociales en donde deben priorizarse los objetivos y no manejar una agenda tan amplia que se desvanece y al final abarca mucho y poco se logra.

Generar conciencia social no recae en mentar madres a diestra y siniestra, a broncos, garañones, caballo, mulas, burros, borregos y toda la manada de animales con la que se pretende adjetivar a lso que no comulgan con cierta idea.

Los procesos de evolución o revolución empiezan desde uno mismo, no es “aventando al ruedo” a otras personas y menos mediante la descalificación.

Poco o nulo rendimiento le ha dado eso a los partidos que nunca trabajan y sólo se dedican a cachar votos o candidatos y cuando mucho por ahí se atreven a profesionalizar a su militancia.
Son rápidos para subirse a cualquier evento social que les pueda atraer alguna simpatía, pero la conciencia social queda intacta y es en ella en donde no actúan.
Hasta mañana.

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