ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Hace poco una persona me decía que había que votar por el menos malo.

Le respondí que eso no solucionaba en nada la preferencia que tenía el sobre un candidato y la de un servidor ya que el menos malo para él no era el menos malo para mí.

Esas “fórmulas mágicas” para “orientar” la elección de un candidato no funcionan.

El problema radica en la percepción sobre los diversos discursos que los interesados en obtener un puesto de elección exclaman.

También se contempla las personas de las que se rodeó para sacar adelante su candidatura y ahí no hay duda sobre ciertos personajes que ya han tenido la oportunidad de ser electos para gobernar al menos un municipio o ser parte de alguna administración estatal o municipal.

Siendo que no hicieron nada por el pueblo, al contrario sus políticas afectaron gravemente la economía de los ciudadanos.

¿Cómo olvidar? Que durante la gestión de Ricalde se elevaron los valores de las tablas catastrales lo que derivó en un aumento del 33 por ciento del impuesto predial-

Después viene lo peor anunciaban programas de descuento del 50 por ciento y en realidad sólo resultaba que solo era el 17.

Esto es un hecho más que comprobado del daño que causó Julián Ricalde y para mí el que se puede probar más fácilmente ¿Cómo me pueden pedir que vote por un personaje que aumenta los impuestos? En una clara muestra de que carece de sentido y justicia social.

Los menos malos quedaron fuera de la contienda y dos ejemplos claros me bastan: Mara Lezama y Manuel Tacú.

Estos sí con absoluta probidad.

Lo peor es que yo le doy mi voto al que percibo como mejor político que los otros, y que al menos no va hacer tanto daño en el bolsillo ciudadano.

Hay tanta necesidad en el Quintana Roo de hoy que uno no se puede aventurar a elegir a personas que piensan como los políticos de antes, en el que su trabajo era inventar una serie de nuevas formas para sangrar al pueblo, pago de tal impuesto por aquí, aumento del costo de tal derecho por allá, aumento del valor de un permiso por acullá.

Y es que ha sido una práctica constante en casi todos los lugares en donde ha gobernado el PRD o el PAN, no me digan que con Fox o Calderón vimos reflejada en nuestra economía personal beneficio alguno.

Ahí sí se cumplió la máxima popular de que más valía malo por conocido que bueno por conocer.

Las malas experiencias de los gobiernos emanados de la oposición son la fuente que ha hecho que mi simpatía electoral y participación política se acerque más al PRI.
Hasta mañana.

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