ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Las matemáticas.
Son de lo más sencillo que hay, es más cuesta más trabajo ponerle el acento a la palabra y desde luego la ortografía.

La fórmula es aprender que más por más da más, menos por menos da más, más por menos es menos y menos por más da menos.

Paso siguiente es saber despejar, y las reglas son sí está sumando, pasa restando, sí está restando pasa sumando, si divide pasa multiplicando y sí multiplica pasa dividiendo.

Memorizar las fórmulas de cada parte en que se divide el álgebra, trigonometría, probabilidades, etc.

Sí le aprendes el modito todo lo demás es “talacha”.

En la preparatoria me llevé un gran halago del profesor de física.

Un amigo al que le apodábamos “El Niño” porque tenía cara de escuincle, había reprobado la materia y con insistencia pedía una oportunidad al profesor.

Fue tanta su insistencia que éste accedió a dársela y le escribió una fórmula en el pizarrón.
-Ahí está tu oportunidad-le dijo.

Al verla no pude reprimir una exclamación –No manche- se me ocurrió decir.

Paso siguiente el profesor dijo –Tengo que salir- y se dirigió a mi persona:

-Tú eres el único que la puede resolver, sí regreso y está bien contestada te repruebo.

Abandonó el salón y todo el grupo empezó a abogar por “El Niño”, el argumento que me convenció fue el de una chica que me dijo –No seas malo, tú puedes pasar el extraordinario y él se va atorar por esta materia que ni le interesa, él va para ciencias sociales.

Así que me tuve que reprobar.

Regresó el maestro, vio resuelta la ecuación, me pidió mi hoja de examen me dijo que me retirara, que estaba reprobado.

Cuando veo mi historial académico no puedo dejar de recordar cómo me gané esa fabulosa NA (No aprobada).

Desde luego que la chava en cuestión era la más linda del salón y cómo iba a negarle lo que me pedía, ni loco perdería una oportunidad por mínima que fuera para estar bien con ella, aunque nunca se dio nada entre nosotros.

Eso no se dio y no fue por las matemáticas, sino por no saber bailar y ya fue para salir de la preparatoria en una fiesta, fue tal mi vergüenza de no saber bailar cuando me mandó a sentarme.

Entonces como resultado tuve que pedir a los amigos que me enseñaran a bailar, lo que logré al poco tiempo y en mi vida quedan las palabras del profesor: “Tú eres el único que la puede resolver”.

Quieren mujeres: entonces aprendan matemáticas y a bailar.
Hasta mañana.

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