ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

El Ford 58 dentro de las muchas lecciones que dejó, como la de aprender a manejas, también demostró que no era por interés el que las mujeres se subieran.

A la edad de “la punzada”, por ahí de los 14 años o 15, se buscaba discreción y un lugar cómodo para ciertos juegos eróticos.

No recuerdo bien a bien, como los amigos conocieron a unas chavas, tres hermanas para ser exactos, que permitían llegar un poco más lejos que el beso en la boca y la manita sudada.

Las novias por costumbre solían poder salir los fines de semana, ya sea a misa o a la doctrina y era cuando uno aprovechaba para verlas, en cambio esas hermanas estaban disponibles todos los días y se había vuelto una competencia el llegar a recogerlas.

Para entonces otro amigo ya había comprado un Chevrolet 57 y entre los que ya manejaban esos carros estaban en espera de la autorización de los padres para emprender la llegada a la casa de las mujeres.

Ahí ya se tocaban senos y en algunas ocasiones un poco de la entrepierna, la mayor era más aventada y quería emociones más fuertes y ya participaba tocando al hombre en el “bulto”.
Así que la cita de las 8 de la noche era todo un reto y el que perdía se la pasaba dando vueltas por los lugares en donde podrían estar los que habían logrado subir a las hermanas.

Es innecesario decir para los que vivieron aquellos tiempos que las novias tenían un respeto y veneración, no podía uno ni rozar una de las protuberancias de ellas so pena de ganarse una cachetada y miren que dolía por que la tiraban con ganas.

Después fue creciendo el número de amigas con derechos por diferentes calles de la colonia y la competencia se esfumó, ya que si no estaban unas se iba por las otras.

El rumor entre las mujeres siempre ha sido más veloz que pólvora encendida y algunas de ellas querían emociones más fuertes.

En alguna ocasión en un tema libre de salón de clase se escogió el tema de las relaciones hombre y mujer y cómo recuerdo a una personita que de manera llana señaló: -Es que los hombres son unos babosos- y adelantando los pechos concluyó- esto es para tocarse y no se atreven.

Las risas que desató el comentario eran más de nervios por la osadía y la claridad con la que había expuesto la timidez del hombre ante los encantos de las féminas.
Hasta mañana.

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