ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

La sangre en incomodas mensualidades.

Alguna noche los amigos ya se despedían y uno de repente soltó una palabra. “La Regla”, se pusieron a opinar sobre ese tema.

El caso es que yo no entendía ni “papa” y se me ocurrió preguntarles que era eso de “La Regla” en las mujeres.

Ellos eran mayores que un servidor por dos años y más, sabían algunas cosas y como buenos “grandes” me hicieron burla y lo que ahora se conoce como bullying.

La única respuesta que obtuve entre sus risas de burla fue: Pregúntale a una mujer.

Parte de la noche me la pasé pensando a quién le preguntaría sobre el significado de la palabra “prohibida”.

Debería ser algo muy grande y enigmático, como para que no me la dijeran esos “pelanas”.

Así amaneció mi día con esa tarea de investigación hasta que se me ocurrió que la única que me la podía contestar era P.

Como ella trabajaba y salía muy tarde, cerca de las 7 de la noche esperé con paciencia y con angustia, la segunda era provocada por la posibilidad de que no lograra ver a P.

Eso no sucedió como todos los días, casi a la misma hora, ese día no fue la excepción ella pasaba rumbo a su casa; yo me encontraba recargado sobre una ventana que era el dormitorio de los abuelitos de uno de los amigos y le llamé.

-¿Oye P. te puedo hacer una pregunta? Dije en voz normal.
-Dime.

-Me puedes decir ¿qué es la regla? Solté de inmediato la pregunta.

Ella puso una cara de ¿Quééééé? Y me quitó de la ventana de un jalón y no me soltó hasta que llegamos a la entrada del único edificio de departamentos de la calle.

-¿Quién te dijo eso?

-Pues los muchachos- le dije y su reacción me sobresaltó y pensé que era algo más que grande, debería ser un súper secreto, algo muy importante.

Mínimo estuve insistiéndole que me dijera, que ellos me habían dicho que le preguntara a una mujer y que ella era a la que más confianza le tenía y blablabla, el mismo choro durante 30 o 40 minutos y la misma respuesta: -No te puedo decir ¿Quién te dijo de eso?

Aferrado no la dejaba ir hasta que no me contestara y por fin mi insistencia dio frutos y ya me explicó que era la ovulación de la mujer, que se representaba con un sangrado cada mes y que a eso se le llamaba regla.

¿Eso es todo? – Pensé, algo tan natural y tanto misterio.

Sí eso era lo impreguntable a una mujer, desde entonces decidí prescindir de la asesoría de mis amigos y cualquier duda sobre el cuerpo de la mujer, iba directamente con la fuente, lo que redundó en mayor sapiencia que la que tenían ellos a la larga.
Hasta mañana.

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