ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

En los tiempos de mi niñez las historias se circunscribían a unos cuantos héroes y otro tanto apegado a la realidad.
La fantasía provenía de algunos cuentos clásicos como Robín Hood, guerras entre romanos y cuando mucho inició Batman y el otro Robin, este sin apellido.
Recuerdo que los juguetes más utilizados eran las espadas, sobre todo las improvisadas como las sacadas de una rama de un árbol (vara) o las de los palos de la escoba.
Si lo “Reyes Magos”, es decir los papás, osaban invertir en la compra de una espada, era por lo regular de madera, aunque ya empezaba a comercializarse en plástico.
Los grandes contendientes eran los mismos árboles que había dentro de la casa, dos Jacarandas y un Hule, la Granada era muy frondosa y tenía muchas hojas, lo que hacía que fuera un rival poco interesante y el más riesgoso ya que la vara o el palo de escoba podía ser utilizado en mí contra, acabar de plano en mis asentaderas.
Las historias de piratas no eran tan importantes, aunque se conocían.
Hubo en aquel entonces formas de enterarse de ellas la televisión fue la más importante.
Aunque eso ya fu a una edad más tardía, la radio entró primero y desde luego que la radionovela “Kalimán” fue la que me hizo radiodependiente, no podía dejar de escuchar un día el programa del maestro de Solín.
Yo recuerdo que por fuerza estaba pegado al radio antes del inicio de Kalimán y escuchaba a Porfirio Cadena “El ojo de Vidrio”.
Para esa época lo mejor que me pudo haber ocurrido es no haber pedido un turbante o el traje del mentado Kalimán.
Hoy la historia ha cambiado, desde la llegada de la saga “Los Piratas del Caribe” la historia se deformó y ya son vistos más como héroes que como villanos.
Eso me metió en un gran problema, cómo contarle a mi hijo lo que son los piratas.
Él los ve como caricatura y como si fueran buenas personas, por la serie de Disney en la que El capitán Garfio es perseguido por un cocodrilo y unos niños le ganan siempre el tesoro.
La bronca surgió cuando escogió el tema para exponérselo a los compañeros de kínder.
Y no me queda otra que oír lo poco que decide contarme y confiar que lo haga bien en su exposición.
Ya ni siquiera puedo bromear con “El Baratas”, de aquel árabe que llegó al norte de México y quería que le rotularan su tienda.
“El Baratas” le dijo al rotulista y este siguió las instrucciones, cuando se presentó el árabe, le dijo: -¡No! Yo me refería al dela barche en el ojo y la bata de balo.
Y créame amigo lector esa tienda de “El Baratas” aún existe.
Hasta mañana.

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