ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Los difíciles inicios del noviazgo.
Dicen que todos los principios son complicados y el de iniciar una relación no es la excepción.

Por lo general la norma que me impuse dependía del nivel económico sí era bajo entonces había que invertir en algo caro, un restaurante de lujo.

Por el contrario sí era de la clase acomodada económicamente la salida era hacia La Alameda y sí caía en domingo qué mejor.

La respuesta de estas era una pregunta casi acusatoria ¿Cómo a la Alameda? ahí van las empleadas domésticas, claro que es un eufemismo el llamarlas así por lo general les llamaban por el femenino del gato en plural.

No podían negarse y el bocado principal consistía en una bolsa de pepitas y un refresco de la marca “Jarrito”, del color rojo por lo regular, de esos considerados como favoritos de los albañiles.

Una vez pasada la sorpresa y después de un pequeño recorrido por las fuentes, comiendo las pepitas, el siguiente paso era una pregunta de mi parte hacia ellas ¿No sientes algo raro al estar aquí? Ellas se quedaban intrigadas:

-¿Cómo que algo raro?-preguntaban.

-Sí algo así como caliente o calosfríos.

-No ¿Por?

Pues es que aquí era el quemadero de la Santa Inquisición y a lo mejor en tu vida pasada fuiste bruja y puede que sintieras algo extraño en el lugar.

Acto seguido les mostraba la placa en la que establecía a la Alameda como el quemadero de brujas.

Una vez lo conté a mi hermana y sobrina, un día que íbamos pasando por ahí en el carro y me dijeron que con razón siempre se les paraba el carro ahí en esa zona.

Bueno les dije, ustedes entonces sí deben tener antecedentes de tostadas por los juzgados del clero.

Otro de los puntos que podía comprobarse, era que el merolico siempre iba a atraer más la atención que aquellos que se dedicaban a exponer la palabra de Dios.

Un día de repente el que exponía temas bíblicos había logrado aglutinar una veintena de oyentes, los cuales prestos y presurosos lo dejaron solo al escuchar la voz del que iniciaba su trabajo con: 2Atrás de la raya que estoy trabajando, quítate perro zacate niño, a ver Chimino animal del demonio sal de tu agujero que vamos a trabajar, a la una a las dos, pero antes de que Chimino salte déjeme ofrecerle este producto…””

Total que uno podía estar horas y el maldito Chimino nunca saltaba y la venta de productos “mágicos” para la cura de una centena de males, desde el mal de ojo hasta los “ojos de pescado” de los pies, era el espectro que curaba lo que el merolico vendía.

Se acababan las pepitas y ya les decía vámonos ese animal nunca salta y así el inicio del noviazgo a la larga producía los efectos requeridos por un servidor.

Hasta mañana.

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