ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Lo importante en la conquista de una mujer era acabar en el “cinco letras”.

En la generación en la que nací y crecí era difícil que una mujer ingiriera bebidas alcohólicas, sí uno lograba que lo hiciera era el camino más corto para tener relaciones sexuales ya que dicen que el alcohol “afloja” las piernas.

Por lo general, si no acostumbraban a beber, lo mejor era pedir una bebida muy dulce, en ese tiempo las “medias de seda” estaban de moda y con dos quedaban prestas.

La habilidad para conducirlas al deleite y la “perdición” tenía una trayectoria que debería cumplir con el requisito de ser interesante.

Muchos preguntan ¿Para qué sirve la historia? Y uno de sus usos que yo encontré fue el camino hacia el sexo.

De la Alameda (sin álamos) se podía caminar a algunos museos, el de las Bellas Artes, el de la Estampa o el del Virreinato.

Además caminaba por lugares en donde la historia había dejado su huella, olvidada para la mayoría de los pobladores de la gran urbe hoy llamada Ciudad MX.

Uno que me encantaba era el caminar por la calle de Balderas, para salir a la plaza de la Ciudadela, en esa calle dio inicio la decena trágica, el asesinato de Madero, bajo la traición de Victoriano Huerta y el levantamiento armado de Félix Díaz.

Cuando tenía los 8 años conocí el edificio de la Ciudadela, ya que ahí manejaban todo lo referente al servicio militar obligatorio, en aquel entonces, y tuve que pedir permiso para salir del país.

Un polvorín, es decir, en los tiempos de Madero ahí se resguardaban las armas, balas y la pólvora, pero ese polvorín no era el mío, sino el que se denomina HOTEL.

Así la caminata con la pareja en turno se hacía interesante y el dinero se alargaba ya que podías hacer una pausa, según la hora y el hambre, para hacer una de las famosas paradas técnicas con el fin de llenar el estómago, ya fuera en los famosos churro “El Moro” o la Casa Rosalía, esquina contra esquina de la avenida Lázaro Cárdenas, hoy Eje Central.

Las cantinas abundaban y hasta hoy hay un buen número en el primer cuadro de la Ciudad MX, que nombre tan moderno, hasta me suena a película de MARVEL.

En ese tiempo hablábamos de algunas posiciones y la más mentada era de “Chivito mirando al precipicio” hoy llamada DogStile, bueno ya en español “de a perrito”.

Hoteles, bueno eran famosos los de Tlalpan, pero yo prefería los que están alrededor del monumento a La Raza. Aunque en aquella época no contribuí a aumentarla.

Por ahí escuché dos cuestiones, la primera hará que se entienda la segunda a) -¿Qué hacía antes?-preguntaba un empleador.

-Pues cosía- respondía la aspirante.

-Ya me lo imaginaba- culminaba aquel.

La segunda establecía que existen dos tipos de mujeres, las que cosen y las muertas.
Hasta mañana.

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