ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Es difícil entender el trabajo de la “ama de casa” si no lo sientes en carne propia, vivirlo a diario.

Levantarse y hacer el desayuno, independientemente de que se esté acostumbrado al baño diurno o nocturno.

Se necesita mucha imaginación para decidir sobre los alimentos.

Seguramente lo que siempre salva un desayuno son los huevos y más sí hay jamón, tocino o hasta los frijoles lo salvan de lo repetitivo.

Tener la leche siempre a mano o salir en “friega” a comprarla en la tienda de la esquina, ya que los jugos son cada vez menos comunes y a no ser que se quiera servir uno de esos enlatados y con conservadores que tienen un sabor muy diferente y que en lo particular a mí me saben horrible.

Después sigue algo espantoso: el lavar los trastes tarea nada fácil ni agradable, de verdad que es un reconocimiento a todas las mujeres que se dedican al hogar.

Seguimos con el hacer camas, barrer, trapear y lavar ropa todo requiere una cierta especialización que se va dando en un auto aprendizaje de muchos años.

Lo grave es que al parecer los utensilios como la escoba o el trapeador fueron diseñados para personas de baja estatura o a la par, para que las empresas bajen sus costos, no puedo describir el cansancio en la espalda tan solo de hacer esos trabajos, por lo general tengo que implementar una especie de aumento a uno de ellos y así ahorrarme las molestias traseras.

Como ya dije aire en la espalda, solo el que sale es bueno.

Aquí en la casa el tiempo se va rápido, no acabas de hacer el trapeado y ya es la hora de empezar a preparar la comida, otro reto a la mente, imaginar que vas hacer con el pollo, la carne de res o puerco y lo peor la sopa del día.

Una serie de polvos y yerbas deben existir en la alacena, hoy llamada cocina integral, en sus gabinetes dirían las nuevas generaciones, pero como soy de la vieja guardia para mí sigue siendo alacena, decía que existen tantas especies que me recuerdan a las brujas que preparan en su perol las fórmulas para embrujar.

Bueno también hay los aparatos que requieren altos niveles de conocimiento, la licuadora, por ejemplo, sí no pones las cantidades exactas puedes echar a perder desde una salsa hasta el condimento del platillo principal.

En fin aunque pareciera que hay miles de cosas de las que podrías echar mano, al final no lo es tanto, ya mencioné lso tres tipos de carne que usualmente tienes que preparar de diferentes formas.

Lo más traumante es cuando ves los programas de cocina, con ingredientes que no existes en los supermercados de la ciudad.

Al final después de varios años ya de práctica vas digiriendo el rol que te tocó jugar el esta época en la que la mujer quiere o tiene que salir a trabajar, lejos quedó aquello de que “la mujer como la escopeta, cargada y atrás de la puerta”.
Hasta mañana.

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