ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Después de leer la novela inconclusa “El Proceso” de Franz Kafka, en la que narra cómo un sujeto es acusado y nunca sabe el motivo, parecería que todo quedaría en la ficción.

Lamentablemente en México la gran mayoría de los ciudadanos encuadran con el personaje principal de dicha novela.

Las expresiones jurídicas utilizadas bajo el pretexto de la “economía del lenguaje” han hecho que se tenga que recurrir en la toda ocasión a un letrado en leyes, para conocer la situación en que se encuentra.

Hace mucho que no revisaba un documento escrito por un juez y mucho menos el de los licenciados en derecho.

Antier llegó a mis manos uno y la verdad que no me quedó otra más que reconocer la dificultad que contiene para que las personas entiendan lo ahí escrito.

No me quedó más opción que pensar en aquellos tiempos, no tan lejanos, en que los clérigos utilizaban el latín para dar la misa o cuando magos o brujos realizan sus actos con palabras que no se pueden descifrar.

Todo apunta a una actuación del Estado mexicano retrógrada, que nos traslada a la edad media.

Lejos se queda Franz con su escrito de lo que cotidianamente se vive.

Por ahí leí que deberían hacer del conocimiento del juez sí sabían de una causa para que el procedimiento fuese sobreseído y que no significa otra cosa que: decir sí hay alguna causa para que el caso fuera mandado a la chingada.

Bueno el juez no lo escribiría así pero bien podría decir: que sí había una causa para que un asunto se diera por finalizado.

El otro “pedo” es que las personas supieran cuáles son los motivos o razones para que sea mandado a la chingada.

Así que al final “Juan te llamas” ya que de todos modos tiene que consultar a un licenciado en derecho.

Lo más aberrante es que se trataba de un amparo y la persona que supuestamente lo había tramitado había fallecido, el amparo es un acto personal y cómo tal claro que ya tenía que ser desechado (sobreseído) ya que la materia había dejado de existir.

En fin esto no es cuestión menor, el uso del lenguaje debería permitir tener claridad en todo lo relacionado con diferentes ramas de las ciencias.

En otras encontramos por ejemplo la palabra “empatía”, la cual dudo que una persona común domine toda la explicación que dan los autores sobre esa palabreja y que para un servidor no significa más que ponerse en os zapatos de la otra persona para entender su pensamiento y su actuar y entender las razones de su actuación, esa palabra la encontrará en cualquier unidad médica del IMSS y claro solo sirve como para “apantallar” al que lo lee ya que ni siquiera la llevan a los hechos el personal de esa dependencia.

En esto deberían preocuparse los legisladores y sí me apuran el ejecutivo y el poder judicial, la transparencia no solo es cuestión de dinero.

Hasta mañana.

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