DESDE LA REDACCIÓN

Por Antonio Rea

Cuatro meses
Estamos a punto de cumplir un mes desde que se llevaron a cabo las elecciones para renovar los poderes en el municipio y el Estado… y es la hora en que el cambio de poder aún no ha sucedido y faltan todavía tres largos meses más para que esto ocurra.

No conozco otro caso en el mundo democrático en el que transcurra tal cantidad de tiempo entre las elecciones y la entrega del poder como pasa en México.

Si usted recuerda, hace solo unos meses ganó Macri en Argentina y la señora Kirschner, de mala gana y todo, entregó el poder en menos de 15 días, como igual pasa casi en todo el mundo. Acaso en estados Unidos, donde la elección es en noviembre y la toma de posesión en enero, tengamos el ejemplo más cercano a lo que ocurre aquí, pero eso es solamente en la elección presidencial, y además son fechas simbólicas establecidas desde la elección de George Washington en 1789 teniendo en cuenta los tiempos de traslado de ese entonces y, aún así, son solamente dos meses.

El largo periodo que transcurre en México entre la pérdida y la entrega del poder, es algo en lo que nadie parece querer poner atención y representa una de las más grandes lagunas de impunidad de nuestra de por sí porosa legislación. Permite que aquellos interesados en desaparecer pruebas puedan hacerlo y además paraliza las acciones de gobierno porque los funcionarios que van de salida ya no se quieren gastar los presupuestos o entregar los recursos comprometidos o continuar las obras ya en proceso.

Y es que una vez perdido el poder y estando perfectamente concientes de lo que hicieron y lo que viene, ¿qué les impide a los políticos que van de salida servirse con la cuchara grande?, ¿qué puede persuadirlos de no borrar sus huellas, destruir documentos, o dejar a sus personeros en puestos clave como está ocurriendo ahora mismo?.

No entiendo y no me parece que haya en realidad ninguna razón para tener estos lapsos de espera tan insensatamente largos, más allá que darle precisamente una ventana de tiempo suficiente a la impunidad. Es eso, y hay que decirlo con todas sus letras: es la impunidad y la manera de conservarla y nadie se atreve a tocarla porque nunca se sabe cuándo les podría ser útil para salvar sus propios traseros. Así es, no nos hagamos.

Y lo peor de todo es que también se vuelve una ventana de oportunidad para aprobar proyectos avariciosos de consecuencias ecológicas impredecibles y siempre negativas, para dar permisos inverosímiles y gandayas y para vender la firma al mejor postor para hacer, literalmente, lo que al interesado le dé su rechinada gana hacer. Al fin ¿qué les importa?, de todas formas ya se van y más vale agarrar todo lo que se pueda antes de irse, en el frenesí del conocido “Año de Hidalgo”.

Pero no creo que nadie se haya dado cuenta… más bien se hacen los patos por si se les ofrece después. Qué pena.

Prensa bochornosa
Fue muy evidente la forma en que el gobierno quiso usar a la prensa de todo el estado como un factor para inclinar la elección a favor del candidato oficial, ulteriormente derrotado.
Fue muy evidente también que a la prensa no le costó trabajo alguno prestarse al juego y que lo hicieron con singular y mexicana alegría.

Tan fuera de lugar los agarró la derrota del PRI que se ha llegado a extremos dignos de antología, por un lado el “Respuesta” dando la ‘bienvenida a la democracia y la alternancia’ y corriendo a todos sus columnistas que no bajaban a Carlos Joaquín de ‘Chespirito’ y a su esposa de ‘Lady Tafil’… o como el “Por Esto” afirmando sin prueba alguna que Joaquín González es un gobernador ‘impuesto por el narco’ y declarando una guerra de papel que huele a estrategia para quedarse con los terrenitos que les han regalado y conservar su posición como periódico dizque contestatario llevando las cosas hasta niveles cómicos (en una reciente primera plana, los quintanarroenses que fueron a protestar al palacio legislativo de Chetumal y a los cabildos contra el llamado paquete de impunidad para Borge eran ‘hordas de provocadores’ que retaban ‘el orden público’ y a los que conminaban a ‘acatar la ley’ y en la misma página del otro lado los temibles ‘maistros’ de la siniestra CNTE eran pobres víctimas de ‘el sistema’ sufriendo la ‘brutal represión’ de los cuerpos policiacos y rebelándose contra una ‘ley injusta’ –al reforma educativa- que no se sienten obligados a acatar. Así de coherentes y lógicos).

Que nadie se equivoque, aquí no estamos hablando ni de libertad de expresión ni de periodismo: esta es una cuestión de dinero.

Si de verdad el nuevo gobernador Carlos Joaquín deja de financiar a los medios de comunicación en el estado, le apuesto que quedaremos con uno o dos, cuando mucho, de los actuales doce o catorce periódicos de supuesta ‘circulación estatal’ y ni qué decir de los pasquines municipales, que esos sí morirían todos sin el dinero que le esquilman al erario.
Revistas de gran formato, a todo color e impresas en papel couché del más caro que hay y que sin embargo se regalan en cafés, oficinas y restaurantes porque absolutamente nadie las compra, también desaparecerían, y ni qué decir del titipuchal de canales de televisión y radio que padecemos tanto por aire como por Internet y a los que nadie ve ni oye, pero igual cobran, porque se acabarían también.

Si los medios en general se quedaran de pronto sin el dinero que les da el gobierno y se atuvieran a sobrevivir sólo con sus propios ingresos, habría una gran depuración y nos quedaríamos sólo con los medios que de verdad necesitamos, y eso si es que resultan rentables.
Se acabarían de una sola vez tantos mercenarios del periodismo, que son verdaderos extorsionadores; además de que se ahorraría una fabulosa, de verdad fabulosa, cantidad de dinero público que bien podría servir para otra cosa. Ojalá; pero lo dudo: la tentación de conservar el poder y darse a sí mismo una versión de la realidad que le acomode, suele ser irresistible para los políticos. Veremos.

Ya nos vamos, no sin antes recordar que Cozumel sigue de luto pues el señor Nassim Joaquín (castellanización del original apellido Hakim de su familia de origen libanés) nos dejó este pasado mes de junio, a unos días de cumplir 100 años de edad tras una vida llena de logros y de triunfos. La pérdida de una persona así es un duro golpe a cualquier comunidad y en el caso de Cozumel, aun más tratándose nada menos que de El Tatich. En paz descanse.

Mi manera personal de respetarlo fue no ir nunca al ‘besamanos’ diario que le organizaban sus aduladores.

Gracias por leernos, siempre es un honor.
Hasta la próxima.

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