ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Durante años la crítica a las personas que vemos televisión o nos gusta el fútbol, por parte de “luchadores sociales” han sido continuas y ácidas. Por decir lo menos.

Pero hay otros que realizan actividades en las que arriesgan la vida sin un motivo de mejoramiento social como el demandado por los aquellos.

Uno muy cotidiano por ejemplo es el de los que utilizan motocicletas, puedo mencionar el más común: no llevar casco, otro sería la velocidad a la que conducen y peor trabajan para una cadena de pizas o de electrodomésticos donde no conocen siquiera al dueño, y parecería que están poseídos en un afán de hacerlo más rico.

Lo mismo puedo decir de algunos automotores de diferente tonelaje.

Nunca he entendido la necedad de poner la vida en riesgo para que otra persona tenga una vida de lujos, pero así es la idiosincrasia de nuestro pueblo y es a lo largo y ancho de la república mexicana.

En el mismo rollo están los pueblos “bicicleteros” y Cancún no es una excepción, esos conductores tan temerarios que no se preocupan en conducir sin algo que denuncia su presencia en una ciudad que vive en penumbra.

La única explicación que encuentro para que los accidentes viales no sean numerosos es la grandeza de Dios.

Creo que pocos no han sido testigos de temerarias formas de actuar de algunas personas, alguna ocasión me tocó presenciar cómo tres hombres cruzaban el circuito interior a la altura del aeropuerto y se brincaban las hasta el alambrado; está bien que el puente peatonal se encuentra a unos 300 o 400 metros, la güeva por caminar ese tramo, puede sonar a justificante, pero la verdad que un servidor no se la jugaría de esa manera.

Esos intrépidos seres deberían dedicarse a protagonizar eventos en los que arriegar la vida tiene más merecimiento, como aquello que tanto pide el pueblo: matires, como Emiliano Zapata, Pancho Villa, Panchito Madero, etc.

Su espíritu está diseñado para no ver ni medir el peligro, psicológicamente ya están preparados, ya pueden encabezar marchas, plantones mítines en contra del sistema y no como aquellos que le solicitan a us mamá que les lave su pijama de guerrillero para soñar que hacen la revolución o que en redes sociales se vuelven los émulos de los hermanos Serdán o Flores Magón.

Dicen que no existen esos que quieran jugarse el pellejo, mientras en realidad hay miles sino millones que a diario están tentando a la muerte y pudieran ser militantes valiosos de los “luchadores sociales”.

La cuestión radica en que no han caído en cuenta de lo que hacen cotidianamente en su apresuramiento por “perseguir la chuleta”, al final varios terminan en accidentes costosos para la empresa, pero más para el trabajador.

Los empresarios o sus gerentes son los que ponen ciertas exigencias para que se lleve ese ritmo de vida, en fin ya esperemos que pronto hagan una reflexión sobre todo por terceros que nada tienen que ver con esa loca carrera en sus “chambas”.
Hasta mañana.

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