ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Cada día se complica encontrar esparcimiento al aire libre a bajo costo.

Antes las actividades que un niño podía hacer sin necesidad de vigilancia eran abundantes, el crecimiento de los ranchos en pueblos, los pueblos a ciudades y estas en megalópolis hacen casi imposible encontrar espacios para desarrollar actividades seguras.

Los pocos que hay tienen tal afluencia que ya parecen tianguis de colonia popular.

Qué les puedo contar si a uno se le presenta el realizar alguna necesidad metabólica, es casi imposible encontrar lugares en donde realizarlas.

Antes existían baños tipo sauna y había en abundancia, lo que solucionaba hasta el problema de asearse el cuerpo.

En los lugares con un calor extremo es importante el buscar un resguardo, por el temor a la insolación o a un golpe de calor, la hidratación es importante.

En lo particular recuerdo que no importaba de dónde saliera el líquido vital (agua) y aunque fuera tratada o no potable, era preferible padecer después alguna diarrea, antes que dejar de saciar la sed.

En muchos camellones, centros deportivos existían sistemas de riego que cumplían con la función de evitar la deshidratación.

En algún tiempo se publicaba en los medios lo caro que era el agua potable en Europa, hoy eso nos alcanzó, el comprar una botella de agua es más caro que una cerveza.

Por cierto el otro día comentábamos en la redacción la extrañeza de que una cadena de tiendas de autoservicio (OXXO) tenía muy barato el producto de la fermentación de la cebada y platicando un buen rato no pudimos explicar ese fenómeno.

Ahora les puedo comentar algo que me ha sorprendido, una Coca Cola light de un litro cuesta en Cancún 17 pesos mientras que en el centro y norte del país está en 13 pesos, incrédulo, pensaba que el vendedor se equivocaba en el precio y pero no es así y entonces por fin me rendí y tuve que reconocer que vivir en Cancún era demasiado caro.

Lo peor es que el agua de la llave se puede consumir en otros estados, mientras que la de Quintana Roo sigue sumida en un mar de sales, baste hervir unas cuantas veces el agua para comprobar los residuos que deja en el recipiente utilizado para tal efecto.

Así la industria de agua embotellada tiene un nicho de mercado asegurado en este destino turístico.

En fin las cosas han cambiado, las urbes tienden a presuponer una vida más cómoda, pero el costo se ha incrementado.

Es casi imposible el comparar el costo de la vida de una región a otra y ahí poco o nada hace la política económica para empatar los niveles de confort.

Ya solo me falta decir que “hágase el milagro aunque sea del diablo” para cambiar las cosas en el país.
Hasta mañana.

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