ICONOCLASTA

Por Moisés Valadez Luna

Preparar un viaje.
Con la edad parece que la emoción de viajar se va perdiendo, bueno a lo mejor el factor de haber emprendido bastantes es más influyente.

Los momentos previos a la ida o venida son los más engorrosos.

Un poco acostumbrado a que al principio todos los trámites los hacían otras personas, desde la compra de boletos, reservaciones de hotel y comidas, lo único que ponía era la presencia.

Cuando de repente se acabaron esos privilegios me di cuenta que no sabía ni cómo documentar el equipaje, es más ni siquiera tramitar el pase de abordar.

Eso se fue aprendiendo, pero lo más espinoso es preparar la maleta del equipaje, el acomodar cosas que pueden ser útiles y que después no sirven para nada y olvidar las que en su momento son indispensables y difíciles de conseguir.

Aunque parezca mentira hay momentos que el no llevar pasta dental o una rasuradora vuelven problemático los trabajos por los que se hace el viaje.

Algo que se ha modificado es el tiempo de traslado, sí ya conoce el lugar al que viaja, uno supone que hará el mismo tiempo que hacía hace unos cuantos ayeres, cuando recorría ese camino y de repente se da cuenta que ya hace más tiempo en el mismo trayecto.

Por ejemplo algunas veces de la casa a un trabajo hacía de 5 a 20 minutos, hoy en día ese trayecto ocupa de 40 a 50 minutos y no se explica uno el por qué.

Si está acostumbrado a los transportes con pocos pasajeros el llegar a la ciudad MX es todo un reto, aunque sepa como “colgarse” del microbús (nunca me he explicado de dónde sale el llamarle “La Micro”) la edad y el cuerpo le dice que es semisuicida hacerlo.

Las personas a las que frecuentaba ya tienen un ritmo de vida diferente y pocas veces puede uno prolongar su estancia sin que le resulte aburrido el permanecer ahí por más de tres días.

Aunque las razones de volver a vivir viejas “glorias” como es el caso de reunirse con los compañeros de época del equipo de fútbol de la añorada juventud (jumentud de lo jumento que era) sea un fuerte motivo, motivación o estimulación.

En fi que este 23 de julio hay un partido de veteranos y no queda más que ir a regar la cancha de polilla, aunque ya no se sabe sí uno puede regarla de algo que no sea de una mente que cree poder hacer ciertas cosas y que el cuerpo ya no puede ejecutar y al final da unas “regadas” de padre y muy señor mío.

En fin es difícil no vivir de los recuerdos, pareciera que los años nos obligan por mucho esfuerzo que hagamos a tener presente y definir que todo tiempo pasado fue mejor.

No quisiera que fuese así, el presente es lo que interesa ya que futuro poco queda, pero hay que regodear la mente con la resucitación de los viejos tiempos.

Ahí les informaré no del marcador, sino de las dolencias que seguramente será lo más abultado en el resultado de esos encuentros futbolísticos.
Hasta mañana.

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