¡Soy Cancún! Pero también soy como tú

Juan Castro Palacios

Soy, a mis cuarenta y tantos años, un torbellino de energía que amenaza convertirse en huracán; una ola de mar que apenas nace; un rayo de luz que se vislumbra en el horizonte lejano; una nube con forma de gaviota que después emprenderá el vuelo; un grano de arena perdido en la duna; un arcoíris en el que están representados mis sueños, mis temores, mis logros, mis fracasos, mis alegrías, mis penas y mis desilusiones; todo eso y más.

Caben en mi pasado los momentos más sublimes de mi existencia; pero también aquellos que me marcaron de por vida: un hombre solitario forjando un destino; un día de escuela; una noche estrellada, un brazo unido al mío; un beso estampado en la hoja de un libro; un poema sin terminar; una familia que rompe sus lazos; una mujer rubia disfrutando del mar; un niño indígena mendigando una moneda.

Aquí están todos: los que quemaron las naves para no volver al punto de partida, los que estaban antes de lo que fue el principio; los que van de paso; los que el mal tiempo hizo naufragar en tierras desconocidas; los que todavía no entienden por qué están aquí.

Aquí nos juntó el destino; blancos, cobrizos, negros, amarillos; hombres y mujeres con acentos del sur, del centro y del norte; infinidad de lenguas propias y extrañas que recuerdan a la mítica torre de Babel y el infructuoso intento de los hijos de Dios por darse a entender.

Cada hombre, cada mujer, parecieran llevar un paso distinto; van en dirección opuesta al que debiera ser; cada uno niega lo que debe aceptarse y acepta lo que debiera rechazarse: cada cabeza es un mundo y aquí los mundos forman universos infinitos que por momentos parecieran no tener punto de coincidencia.

No sé qué pensar, no sé qué decir. No tengo, a mis cuarenta y tantos años, palabras para explicar cuál es mi sentir, qué quiero o qué pretendo ser. A veces siento que mi vida se desliza apacible por los blancos arenales y en otras que se impulsa con la violenta fuerza de la marejada en una noche de luna llena.

Poseo un alma joven en un cuerpo maduro y eso no me hace igual ni diferente a nadie; simplemente soy yo mismo en búsqueda de una identidad que no encuentro; navego en altamar sin rumbo fijo, aunque tampoco podría decirse que he perdido el camino. Sólo entiendo que algún día – quizá pronto – arribaré a puerto seguro, al sitio que busco sin saberlo, a la tierra de todos y de nadie que me convertirá en una ciudad con rostro propio; hoy sólo soy como una vela de barco confeccionada con miles de retazos, enhebrado el hilo con las mismas manos de quienes me concibieron.

¡Soy Cancún! pero también soy como tú: impetuoso y apacible, respetuoso e irreverente; ordenado y caótico. Soy la ciudad de las mil siluetas; pero también la de la inocencia perdida, la de la nostalgia presente; la de los recuerdos de tiempos que no volverán; la de la esperanza y la de las ilusiones futuras.

(Publicado originalmente el 20 de abril de 2014, con el título “Mis primeros cuarenta y cuatro años”)

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