El oriente cubano luego del huracán Matthew

N. Mario Rizzo Martínez

(Corresponsal de UNQR para el Caribe)

Baracoa

LA HABANA.— Han transcurrido varios meses desde que en lala hapasada temporada ciclónica, a inicios de octubre de 2016, la zona más oriental de la isla fuese ferozmente atacada por el potente huracán Matthew. El meteoro, uno de los más fuertes arribados a territorio cubano, afectó zonas no muy densamente pobladas y de difícil acceso, pero lo hizo con tal violencia como para provocar cientos de millones de dólares en pérdidas, principalmente en la primera villa fundada por los españoles, la llamada ciudad Primada de Baracoa.

No hubo una sola víctima fatal pues este país está especialmente preparado para enfrentar tales eventos. Los servicios meteorológicos y de defensa civil brillan en cada oportunidad en que la naturaleza muestra su fuerza; los ciudadanos cumplen las indicaciones y se auto evacúan o son evacuados a lugares y edificaciones adecuadas, tras decretarse el período de recuperación regresan a sus hogares, o lo que de ellos quedó, y comienza entonces un proceso de resarcimiento que involucra al gobierno a todos los niveles, a la sociedad civil, e incluso a países extranjeros y organizaciones internacionales que brindan su apoyo.

En el caso de este huracán miles de personas perdieron en la provincia de Guantánamo sus viviendas total o parcialmente, sus electrodomésticos y muebles, sus ropas, y muchas veces artículos personales de indudable valor. Hubo carreteras declaradas intransitables o seriamente afectadas, puentes destruidos, caída de cientos de postes del tendido eléctrico, derrumbe de antenas de los servicios de radio, TV y comunicaciones. Varias zonas quedaron totalmente aisladas conectadas sólo a través del servicio de radioaficionados o la llegada de helicópteros.

Si brutal fue el paso del huracán, mayor fue la respuesta humana y solidaria. De inmediato se llevaron alimentos, se reubicaron cientos de familias hasta permitir su regreso seguro a las viviendas, se colectó ropas por todo el país para ser enviada a las zonas afectadas, se trabajó duro en reponer el servicio eléctrico y las comunicaciones, comenzaron a llegar donativos desde muchos países que incluían desde materiales de construcción hasta agua potable. La banca nacional comenzó a bridar créditos sin intereses y pago a muy largo plazo para que las personas pudiesen adquirir los mariales requeridos.

Si un acto de solidaridad resultó descollante fue el caso de Venezuela que incluso envió maquinarias y materiales para que sus propios voluntarios participaran en la reconstrucción de puentes, carretas, viviendas, escuelas, y otros locales. No fueron los únicos, los cubanos no pueden albergar dudas de que muchos en muy diferentes lugares ofrecieron una mano amiga.

Durante todo este proceso parecía como si fuese interés de todos que donde hubo tal destrucción todo quedara no igual, sino mejor a como estaba antes. En pocos meses Baracoa brillaba de nuevo como quizás nunca antes, el número de viviendas construidas o reconstruidas se acercaba al 100% de las afectadas y todas, o casi todas, eran más fuertes y seguras que las destruidas, la vida se normalizaba con niños asistiendo a escuelas donde artistas plásticos había puesto su talento para hacerlas más hermosas, o los ciudadanos recibían señales de radio y TV más fuertes y con mejor calidad.

Es cierto que constantemente la prensa divulgaba sobre la presencia de ministros y otros altos ejecutivos dirigiendo, controlando y chequeando en sitio los avances. Los dirigentes políticos hacían otro tanto y las fuerzas armadas también destacaban en el lugar a altos oficiales encargados de coordinar los apoyos de esa institución en tareas tan importantes como construcción de carreteras y puentes.

Pero a juzgar por las declaraciones hechas a la periodista Haydee León Moya, del periódico Juventud Rebelde, por Ricardo Suárez Bustamante, especialista municipal del CITMA (entidad encargada del medio ambiente cubano), en Baracoa, debe desprenderse otra lección de todo lo sucedido.

Dicho especialista reconoce que durante la recuperación prevalecieron las urgencias, los desvelos y las decisiones para salir adelante, y en ese primer momento se produjeron hechos que de algún modo impactan el medio ambiente, pero dadas las circunstancias más que justificado, y cita como ejemplo la conexión lograda en poco tiempo de las poblaciones ubicadas a ambos lados del río Toa, el más caudaloso de Cuba.

Sin embargo, una vez resueltos a cualquier costo los problemas más apremiantes, no se cumplieron leyes y normas que de haber sido tomadas en cuenta, con celeridad y precisión, hubiesen permitido que todo lo nuevo fuese más perdurable y menos agresivo con el medio ambiente. El especialista cita como ejemplos la extracción descontrolada de rocas y arena en playas y ríos para elaborar materiales de construcción; los deltas lineales de los ríos Miel y Macaguaní resultaron seriamente dañados, y siendo estos sistemas barras naturales protectoras ante penetraciones del mar significan un gran peligro futuro pues se producirán erosiones de la costa la cual retrocederá poniendo en peligro a los habitantes de la zona, concluye que se vulneró la Ley 81 o de Medio Ambiente.

Cita también el caso del buen aprovechamiento de los árboles derribados, pero apunta que se continuó extrayendo madera a costa de una tala indiscriminada, a pesar de lo establecido por la Ley 85 o Forestal.

Suárez Bustamante se refiere además a una carretera alternativa de 20 km en construcción que atraviesa una pluvisilva o selva lluviosa subtropical, donde precipitan anualmente más de 3500 mm de lluvia que abastecen 62 afluentes del río Cauto; es terreno arcilloso y los cortes a media ladera y las rigurosas pendientes, harán inevitables deslizamientos de tierra que irán al cauce del río contaminando el delta, independientemente de que la nueva carretera pueda o no soportar la acción del medio. En su opinión se ha incumplido la Norma Cubana 23 de 1999 del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos y el Decreto 138 de 1994 de Aguas Territoriales.

El ambientalista concluye su exposición a la periodista señalando que donde se chequea y exige el cumplimiento del plan de reducción de desastres, se tenga en cuenta cómo no agredir el entorno que nos protege de esos mismos desastres, precisamente a partir de las regulaciones que existen.

Es indudable la eficiente gestión preventiva ante el huracán y la rápida respuesta oficial muy diferente a lo que ocurre en otros países, pero todo parece indicar que las cosas pueden hacerse aún mejor.

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