Donald Trump y su afán por deslegitimar el supuesto legado de Obama

N. Mario Rizzo M.

(Corresponsal de UNQR para el Caribe)

LA HABANA.— En su afán por deslegitimar toda acción emprendida por su predecesor, el Presidente Donald Trump, del cual todos esperaban una política más pragmática e integrada a los intereses económicos de los EEUU, se ha dedicado a desmontar todo aquello que en su momento implementó Obama en sus intentos, muchas veces fallidos, de establecer políticas más serias y ajustadas a la actualidad mundial.

Revertir los intentos por legalizar a entre 11 y 14 millones de mexicanos, centroamericanos y otros inmigrantes ilegales, construyendo a la vez un costoso muro, fue su primer intento; eliminar el Obacare aún a costa de dejar sin un mínimo de seguro médico a varios millones de personas, fue el siguiente paso; hubo otros, pero el más reciente ha sido la modificación de la política norteamericana en relación con Cuba.

A su discurso realizado el pasado día 16 en Miami, con un selecto auditorio que incluyó terroristas, politiqueros, el núcleo duro de la emigración cubana a la cual hace años ya no representa, le siguió la mesurada respuesta oficial del Gobierno cubano al siguiente día, y las declaraciones hechas por el canciller Bruno Rodríguez Parrilla en la mañana de hoy desde Viena.

Si algo está claro es que Obama no simpatizaba con el régimen de la isla, sólo que descubrió que la política mantenida por más de medio siglo había fracasado totalmente y debía ser sustituida por una más civilizada, con los mismos objetivos de hacer fracasar el socialismo cubano pero que lejos de concitar la repulsa de la humanidad y todos los gobiernos del orbe, tuviera respaldo entre sus aliados.

Se propuso entonces Obama restablecer relaciones diplomáticas, flexibilizar un bloqueo con el cual no concordaba pero impuesto como ley años antes por un Congreso que en su momento le era adverso, discutir con el Gobierno cubano todo lo que fuera útil para ambas partes, y eso sí, tratar de crear las condiciones en la isla para utilizando las redes sociales, el incremento de sectores no estatales en Cuba, y los contactos pueblo a pueblo, lograr lo que agresiones y bloqueo no lograron.

Cuba aceptó el reto y los intercambios crecieron aceleradamente. Si en el 2015 sólo 161 233 estadounidenses visitaron Cuba, sólo entre enero y mayo del 2017 ya lo habían hecho 284 565 nacionales de ese país. Pero más importante aún, se habían acordado diferentes instrumentos que establecían beneficiosos acuerdos para ambas partes, entre otros:

Cooperación para la conservación y manejo de Áreas Marítimas Protegidas.

Cooperación en el campo de la Protección Ambiental.

Colaboración bilateral en el campo de la enseñanza del idioma inglés.

Entendimiento para el establecimiento de vuelos regulares.

Transportación directa del correo postal.

Cooperación en áreas de hidrografía y geodesia para mejorar la seguridad marítima.

Cooperación en cuanto a Agricultura y otras áreas afines.

Seguridad de viajeros y Comercio.

Acuerdos entre las entidades sanitarias de ambos países para la protección de la salud.

Enfrentamiento conjunto al tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias sicotrópicas.

Despliegue de oficiales de seguridad a bordo de aeronaves que vuelen entre ambos países.

Memorando de entendimiento para la lucha contra el cáncer.

Conservación de la fauna silvestre y las áreas terrestres protegidas.

Intercambio de información sobre registros sísmicos.

Intercambio de información en materia de meteorología y clima.

Acuerdo sobre la preparación para evitar derrames petroleros.

Establecimiento de una segura política migratoria.

Entendimiento en materia de aplicación y cumplimiento de la ley.

Acuerdo sobre búsqueda y salvamento aeronáutico y marítimo.

Delimitación de la Plataforma Continental en el Polígono Oriental del Golfo de México.

Hermanamiento entre parques nacionales.

Instrumentos para garantizar la inspección sanitaria y vegetal entre ambos países.

Muy poco observador habría que ser para no reconocer que la mayoría de los acuerdos benefician principalmente a los EEUU, pero todo ello vino acompañado de decisiones como la de autorizar a compañías de telecomunicaciones y de aviación a negociar con Cuba, en un claro empeño por penetrar socialmente al país, y hasta incluir en la apretada agenda del Presidente Obama una visita a la isla para poder dirigirse en vivo y en directo al pueblo cubano, cenar en un restaurante privado antes visitado por afamados artistas, y pasear por la bella Habana Vieja acompañado por su esposa, hijas y suegra.

Ya Trump puso en entredicho la política de Obama hacia Cuba y se granjeó las simpatías de quienes controlan la parte más rica o retrógrada de la emigración cubana. Ahora está por ver si hace, como en otros casos, algo diferente a lo que dice o convierte en realidad las amenazas que sus electores no aprueban.

Obama no hizo concesiones a Cuba. Sustituyó políticas fracasadas por otras que consideró más efectivas. Regresar al enfrentamiento y las agresiones no conviene a Cuba, pero menos a los EEUU. Trump y sus asesores tendrán que balancear muy bien sus opciones so pena de perder credibilidad, respaldo ciudadano, y beneficios económicos, sólo por el hecho de demeritar el legado de su antecesor en la Casa Blanca.

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